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Los revolucionarios nunca deben de desviarse de su camino por la toma del Poder


Por: Sergio Gil.

Durante el transcurso de esta llamada gestación de transformaciones que vive hoy el pueblo venezolano en estos cumplidos once años de rescate por la dignidad de reconocer nuestros derechos de ser hombres y mujeres libres de explotación y dominación imperialista, donde se ha venido construyendo una dirección amplia de diversos enfoques políticos-ideológicos, expresados en la representación del conjunto de fuerzas que contribuyen al proceso revolucionario bolivariano, ubicando la composición de sus caracteres revolucionarios, progresistas, socialdemócratas y reformistas.

Es sin duda alguna, reconocimiento de uno de los más grandes momentos en el que se encuentra la patria venezolana, del cual es nuestro deber no perderlo y avanzar sobre los obstáculos que imprime la agudización de la lucha de clases, concibiendo esta marcha, un carril de duras pruebas en el que no hay marcha atrás contra el enemigo de clase y sus diferentes expresiones de opresión y explotación que pujan por mantener su status de poder de dominación a través del aparato de Estado y sus organismos de presión, condena y represión nacional e internacional expuestos en su pleno desarrollo contra el avance del proletariado (la clase trabajadora), el pueblo junto a las fuerzas revolucionarias en el objetivo de la toma del poder que pueda revertir los cambios de estructura de toda esta vieja y podrida sociedad. Es sobre estas firmes premisas esenciales donde se generan los fundamentos teóricos del marxismo-leninismo en la aplicación de crear las condiciones subjetivas y objetivas para la destrucción absoluta del modo de producción capitalista existente.

Pasa ante el recorrido hilo histórico de quinientos años de lucha revolucionaria librada por nuestros pueblos originarios de la Amerindia contra la invasión colonial del yugo español y europeo; pasando por enaltecer en su carga el pensamiento, la experiencia y la magnífica obra libertadora de Francisco de Miranda, el Libertador Simón Bolívar, el Gran Mariscal Antonio José de Sucre, Alexander Petion, José Martí y demás hombres y mujeres próceres independentistas que dejaron la inspiración valuarte de su vida revolucionaria en los últimos doscientos años obrando por la emancipación de nuestros pueblos hermanos de Latinoamérica y el Caribe, levantando las banderas del antiimperialismo, la solidaridad y el internacionalismo.

Esta es la historia viva que nos ha designado hoy en otro momento y circunstancias la continuidad de seguir librando las batallas significativas expresadas en las contradicciones (capital-trabajo, imperio-nación) al lado de un pueblo golpeado y engañado por el misticismo insostenible de formulas economicistas liberales de mercado creada por la burguesía, acompañado por la mano divina de “Dios”, la Iglesia Católica y las religiones alienantes que actúan como panacea de refugio espiritual, siendo venda de opresión y sumisión de las masas trabajadoras explotadas.

“La socialdemocracia debe dejar de ser el partido de la revolución social para transformarse en un partido democrático de reformas sociales. Bernstein ha apoyado esta reclamación política con toda una batería de "nuevos" argumentos y razonamientos concertados con bastante armonía. Se ha negado la posibilidad de basar el socialismo en argumentos científicos y demostrar que es necesario e inevitable desde el punto de vista de la concepción materialista de la historia; se ha refutado la miseria creciente, la proletarización y la exacerbación de las contradicciones capitalistas; se ha declarado carente de fundamento el concepto mismo de "objetivo final" y rechazado de plano la idea de la dictadura del proletariado; se ha denegado que haya oposición de principios entre el liberalismo y el socialismo, se ha rebatido la teoría de la lucha de clases, afirmando que es inaplicable a una sociedad estrictamente democrática, gobernada conforme a la voluntad de la mayoría, etc.

Así pues, la exigencia de que la socialdemocracia revolucionaria dé un viraje decisivo hacia el socialreformismo burgués ha ido acompañada de un viraje no menos decisivo hacia la crítica burguesa de todas las ideas fundamentales del marxismo”
. (Lenin, Vladimir Ilich. ¿Qué hacer? I Dogmatismo y “libertad de crítica. ¿Qué significa la “libertad de critica”?).

Esta cita de Lenin que traemos a la reflexión, plasmada en las líneas del ¿Qué hacer? Cobra plena y total vigencia en la firme advertencia que hace al apenas pujante proceso revolucionario ruso en 1902, en el temor de no superar la crisis política y las contradicciones de la socialdemocracia seudo-revolucionaria presta de obstáculo al salto de la construcción del socialismo. Necesarias para desenmascarar a la burguesía manipuladora de la teoría revolucionaria y permitir resolver los pasos a la orientación de librar la lucha por el socialismo.

El poder, del que hablamos los revolucionarios, no es un don que se hereda por obra y gracia divina del espíritu santo, ni tampoco llega por ser un buen ciudadano de buenas costumbres y respeto a las normas y leyes implantadas por el Estado.
El poder tampoco es un punto inflexible de orgullo para las clases explotadas y revolucionarias.

El poder, la toma del poder que planteamos las fuerzas revolucionarias comunistas se manifiesta en el amplio trabajo político de despertar la conciencia de las mayorías del pueblo trabajador vejado por el desarrollo del sistema capitalista y el imperialismo. Se transcribe en la perspectiva de la praxis social transformadora, consciente de construir a través de las desatadas batallas antagónicas de clase, la consumación de las estructuras que existen para ponerlas a favor y en beneficio del pueblo, planificando la creación de la sociedad socialista como transición hacia la sociedad sin clases.

La toma del poder consiste en golpear y destruir las barreras impuestas por la institucionalidad burguesa que sigue siendo la misma de ayer contaminada de (conservadurismo, socialdemocracia, burocracia, corrupción, clientelismo, nepotismo, voluntarismo, servilismo, entrismo, sectarismo, reformismo) entre otros vicios cuales se enclavan en sus viles intereses particulares para separar de la verdadera lucha revolucionaria a las bases sociales trabajadoras que creen y pujan por las transformaciones sociales, tratando de desvincularlas en la construcción de su propio camino liberador que se hayan en las diversas formas de lucha revolucionaria contra el oprobioso capitalismo presente en sus diferentes campos de acción y particulares rostros.

La toma del poder, tiene que ser radical, es decir tiene que ir desde la raíz del problema, la confrontación antagónica entre las clases históricas (burguesía vs proletariado) que se disputan el poder, por parte de los sectores burgueses, de las oligarquías nacionales entreguistas y capas lacayas, esquiroles, a estas nunca les ha importado arrebatarles a las grandes mayorías por medio de la fuerza irracional y métodos inhumanos lo que por siempre ha sido nuestro y parte de todos, sus tierras, fuentes de producción, su fuerza de trabajo.

Muy bien la clase explotadora ha sabido mantenerse en el poderío de dominación no solo de los pueblos, de las sociedades sino del mundo, sin importarle en lo mas mínimo propiciar las causas colosales de resquebrajamiento sobre la especie humana y cada vez con mayor intensidad zurciendo la pobreza extrema, latifundio, dictaduras militares, gobiernos borregos al imperialismo, invasiones, violentando soberanías, racismo, fascismo, desocupación laboral, explotación salvaje de los recursos no renovables, llevando al peligro extremo de sentenciar la muerte del único sistema de vida que tenemos como lo es nuestro planeta tierra ocasionándole en estos últimos veinte años los desastres naturales de gran calada que haya sufrido la tierra sin comparación al menos de sus procesos evolutivos hace millones de años, estos acontecimientos se están generando no en vano, es debido a la inclemente contaminación que pesa sobre la capa de ozono, creando virajes desastrosos en el cambio climático, afectando poblaciones con la sequía, las lluvias y olas de frío a su vez.

No es para menos el golpe militar desarrollado hace poco en Honduras contando con la planificación estratégica del Pentágono, la CIA y los componentes de seguridad del imperialismo norteamericano para derrocar el gobierno legítimo de Manuel Zelaya e instalar otro gobierno a sus designios.

Además para el deshonor de la lucha histórica sellada por el pueblo del General Omar Torrijos quien logro clausurar la Escuela de las Américas y en el año 2000, final del periodo presidencial de Pérez Balladares se lograron sacar las 14 bases militares estadounidenses que acordonaban el territorio panameño e impedir un denominado Centro Multilateral Antidrogas (CMA) dirigido por supuesto por EEUU, hoy con el gobierno de Martinelli retorna la instalación de las bases gringas en las aguas del Caribe y el Atlántico y el fortalecimiento a la continuidad de la Iniciativa Mérida a la que están integradas México y Colombia, utilizando el desgastado pretexto de “combatir el narcotráfico y el terrorismo”, cuando su única intención y objetivo es el del control y dominación geoestratégica de la región.
La instalación de siete nuevas bases en el territorio hermano de Colombia con la que suman veinte bases creadas bajo el miserable argumento de “cooperación y asistencia técnica en defensa y seguridad” asistido por el mejor aliado rastrero de la administración yanqui como lo es el narco-paramilitar Uribe. Cuales ya son conocidas por el mundo en anuncio realizado por la estrella paramilitar de la administración colombiana, el ministro de defensa Gabriel Silva enumerando las bases de: Malambo, en el departamento de Atlántico; Palanquero, en Cundinamarca; y Apiay, en Meta, Tolemaida, en Cundinamarca; y Larandia, en Caquetá. Y las navales de Cartagena y Bahía Málaga, en el departamento de Valle del Cauca.

La amenaza de la IV Flota en Aruba (Reina Beatriz) y Curazao (Hatos) donde el imperialismo norteamericano posee bases, rodeando a Venezuela al norte del Caribe y por los cuatro costados, tienen bases en todo el Caribe, en Puerto Rico (Vieques), Cuba (Guantánamo), El Salvador (Comalapa) de monitoreo satelital en la región, Honduras (Soto Cano) donde se genero el golpe de Estado al gobierno constitucional de Zelaya, Costa rica (Liberia) de negociaciones y conspiraciones, al sur, donde opera el “Comando Sur” cual base principal era (Manta) en Ecuador a la que el presidente Correa ordeno su salida del territorio existen las bases que se encuentran dentro de territorio del Perú (Iquitos y Nanay), en el chaco paraguayo, Paraguay esta ubicada la base (Mariscal Estigarrabia.

Manteniéndose las ambiciones intactas de instalar bases enclavadas en Suramérica, volver a intentar en Alcántara-Brasil, la zona de Chapare en Bolivia, en Tierra de Fuego en Argentina, y la de mayor ubicación estratégica, la triple frontera de Brasil-Argentina-Paraguay.

El imperialismo yanqui no desaprovecha ninguna oportunidad en tratar de controlar en todo lo posible lo que ha venido considerando un siglo atrás como su “espacio vital”, su “patio trasero”, la “América para los americanos” (Norteamérica) y así tratan de imponerlo en la psiquis y pensamiento de la ciudadanía norteamericana transmitiéndolo desde la educación inicial y básica hacia las nuevas generaciones en las escuelas a través de mapas manipulados y “enciclopedias educativas”, juegos de video y el arte del cine en la que aluden la lucha por la amazonia, otros la adjudican como patrimonio mundial a las que pueden acceder cuando lo deseen, vendiéndose como la super buena gente, héroes salvadores de la humanidad.

Como decía el Che “al imperialismo ni un tantito así…”
Para los revolucionarios es preciso tener el compromiso de ser en todo momento, cada día, ser más revolucionarios, rebeldes, insurrectos frente al neoliberalismo y conscientes de la importancia y oportunidad histórica que atraviesa Nuestra América.

El movimiento popular insurgente del pueblo hermano de Colombia tiene un papel importante que jugar junto a Venezuela, como un mismo pueblo heredero del legado Bolivariano ante los acontecimientos que vienen desarrollándose en esta parte del continente donde los pueblos del mundo han depositado las esperanzas de tener ese otro mundo posible.

La unidad, la confraternidad debe empezar primero con el ejemplo de las fuerzas revolucionarias al lado del pueblo en su persistencia de conquistar el mismo objetivo, el socialismo y la construcción de la sociedad sin clases, y pasa por la toma del poder como palanca de fuerza que pueda revertir las condiciones y las situaciones que interpone el imperialismo.

El movimiento popular bolivariano sabe y entiende que la lucha que estamos dando por la liberación nacional, no es mas que la lucha contra el imperialismo, es un mismo y único enemigo de clase expresado bajo miles de formas que hay que combatir combinando todas las formas de lucha, ninguna esta exenta de sus condiciones particulares en los diferentes niveles y campos de acción social, político, cultural e ideológico.

La respuesta del bloque de izquierda radical contra la lumpen burguesía, esa llamada burguesía nacional, local, criolla, esas burguesías cipayas, que no tienen ningún proyecto nación más que la entrega total de nuestros pueblos al imperialismo yanqui, tiene que ser fulminada con construcción y fortalecimiento del poder popular que supere un programa de ruptura contra el capitalismo, que pueda quebrar al capitalismo monopolista interno y enfrentar directamente al capital transnacional.

Estamos obligados a superar esas perspectivas de desarrollar las tácticas hacia el socialismo por etapas, la tesis de la “revolución por etapas” y de la vía institucional y pacifica al socialismo, la tesis de la alianza de clases con la pequeña burguesía y las llamadas “burguesías nacionales” entendidas como progresistas o antimonopólicas, las limitaciones de la propiedad social formada por la nacionalización de los distintos sectores productivos respetando la propiedad privada que si restringe por completo las grandes empresas monopólicas.

Que traen como consecuencia, esa visión economicista de la creación de conciencia de clase dentro del gobierno llamado a la batalla de la producción.

La lucha de clases en el terreno económico tiene que avanzar en una ofensiva mucho más acabada contra el boicot de la burguesía en la producción y la distribución, que producen endeudamiento público, especulación y fuga de capitales con el mercado negro.

Aprendamos de las experiencias revolucionarias, identificando sus errores para tratar de no cometerlos en estos ensayos teórico-prácticos, uno de ellos esta en las lecciones del proceso revolucionario chileno.

De tal manera que el desarrollo de las distintas formas de construcción del poder popular en el proceso bolivariano se ha caracterizado y enmarcado hasta ahora en el ámbito participativo de las comunidades urbanas, rurales, campesinas (Consejos Comunales) todavía bajo control del Estado, que no han podido desarrollarse plenamente en los sectores de la industria laboral (consejos populares de trabajadores), educación (Consejos populares estudiantiles), culturales (Consejos populares culturales), deporte, (Consejo populares deportivos), entre otos sectores; asistiendo cada vez mas, el aislamiento y la atomización política de los trabajadores en sus centros de producción.

Y esto ocurre porque cuando se trata de trascender cambiando a la estructura capitalista dependiente de un Estado, esta se escuda por los medios posibles impidiendo se le despoje de sus espacios de control, dominación y poder en el manejo de sus riquezas por las que están dispuestas a la guerra a muerte contra cualquier legalidad constitucional.

Los revolucionarios no podemos navegar en el mar de la ingenuidad, si creemos que el papel de la “oposición democrática” siempre va ser la vía pacifica y electoral, ya nos han demostrado en varias oportunidades de que son capaces de hacer con: desconocimiento a la constitucionalidad, permanente conspiración y disociación mediática, sabotaje petrolero, llamado a huelga general, asesinatos selectivos de luchadores obreros y campesinos, intentos de magnicidio, golpe fascista de Estado de abril de 2002. La contrarrevolución siempre va persistir en la defensa del régimen de acumulación capitalista y de propiedad de los medios de producción.

La revolución empieza por la toma del poder, la confrontación por el poder y de lucha radical contra toda forma de dominación social donde se hacen irreconciliables las contradicciones de clases antagónicas frente al Estado. Haciéndole memoria en la continuidad y vigencia del pensamiento revolucionario del Che quien siempre planteo la creación del poder popular y la consecuencia ininterrumpida de la revolución contra toda burocracia a través de la destrucción del poder estatal, en el derrocamiento de la vieja sociedad para abrir paso a la creación de nuevas formas de relaciones sociales y nuevas instituciones creadas a partir de la transformación del orden social, antiburocrático y antiautoritario.

Sin toma del poder, no vamos a cambiar la sociedad. Sino, nos asumimos como las grandes mayorías que bien organizadas política e ideológicamente que en provecho de este momento histórico en el que estamos acompañados de un gobierno bolivariano de carácter popular y revolucionario que aspira ser herramienta de apoyo cual permita el avance del pueblo en la toma del poder para derrotar a los sectores y miembros de la sociedad capitalista y al imperialismo, emprendiendo así la construcción del socialismo que anhelamos la Patria Grande históricamente explotada. Estamos convocados a hacerlo, la lucha y la victoria nos pertenece.

“La doctrina de la lucha de clases, aplicada por Marx a la cuestión del Estado y de la revolución socialista, conduce necesariamente al reconocimiento de la dominación política del proletariado, de su dictadura, es decir, de un poder no compartido con nadie y apoyado directamente en la fuerza armada de las masas. El derrocamiento de la burguesía sólo puede realizarse mediante la transformación del proletariado en clase dominante, capaz de aplastar la resistencia inevitable y desesperada de la burguesía y de organizar para el nuevo régimen económico a todas las masas trabajadoras y explotadas.”
El Estado y la revolución. Lenin. Capitulo II - El Estado y la revolución. La experiencia de los años 1848-1851.- 1. En vísperas de la revolución.

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