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10 LUCHADORES INDEPENDENTISTAS VASCOS ANUNCIAN SU INCORPORACIÓN A LA E.T.A.

inSurGente.- Un grupo de diez ciudadanas y ciudadanos vascos, comprometidos públicamente con organizaciones políticas y sociales de la izquierda abertzale y en situación de busca y captura por parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado, han dado a conocer su decisión de ingresar en las filas de ETA. "A pesar de no ser de ETA querían juzgarnos como si lo fuéramos", han declarado. (En la imagen, cuatro de los diez voluntarios.)

En una declaración remitida al diario vasco Gara, que se acompaña de la imagen a cara descubierta de cuatro de los diez militantes independentistas -cuyos nombres no han sido facilitados- que hacen pública su integración en ETA, éstos explican las razones que han motivado su decisión.

Se presentan como «militantes de la izquierda abertzale» que, de una manera u otra, han tomado parte en la lucha a favor de Euskal Herria. «Hemos trabajado -añaden- en diferentes organizaciones del Movimiento de Liberación Nacional Vasco hasta que policías armados hasta los dientes han venido a torturarnos y encarcelarnos y nos hemos visto obligados a huir».

Como se recoge en el texto en euskara, afirman que «Euskal Herria no conoce la democracia, no puede decidir su futuro», que «la ofensiva represiva y la situación antidemocrática que vive nuestro pueblo se siguen endureciendo», y que «no hay libertad de expresión, no hay libertad de asociación, no hay libertad de manifestación, no nos dejan vivir como independentistas...». En ese contexto, critican la actuación de «los políticos desvergonzados de PNV y Nafarroa Bai que, junto a los torturadores de PSOE y PP, nos reclaman la condena a ETA».

«Ante la imposibilidad de seguir trabajando en nuestros pueblos, en nuestras organizaciones, los firmantes de esta declaración no tenemos ninguna intención de claudicar, ni de presentarnos en la Audiencia Nacional. Si el enemigo pretendía neutralizarnos -advierten-, se ha equivocado por completo». Por tanto, consideran que no tienen otra opción «para seguir luchando». «Sólo nos queda hacer frente a la razón española de las armas con las armas en la mano, ¡y lo haremos con determinación!». «A pesar de no ser de ETA -puntualizan-, han pretendido juzgarnos y secuestrarnos como si así lo fuésemos, pero ante esto no nos acobardamos: como muchas otras personas antes que nosotros, hemos tomado la decisión de coger las armas y pasar a formar parte de Euskadi Ta Askatasuna».

El comunicado concluye con un llamamiento a la ciudadanía vasca «a seguir luchando, de forma organizada y comprometida, en favor de la libertad y la reconstrucción de Euskal Herria».

“Un pueblo oprimido siempre tiende a identificarse con otro pueblo oprimido”

No es coincidencia que Baltasar Garzón esté de visita ahora mismo en Colombia; él no hace nada gratuitamente”, coinciden los tres brigadistas de la organización internacionalista vasca Askapena que, desde la ciudad de Caracas, Venezuela , acceden a narrar a la Agencia Bolivariana de Prensa (ABP) los detalles sobre la persecución de que han sido víctimas tras la puesta en marcha de una campaña mediática que los señala como “el contacto entre las FARC y ETA”, así como las amenazas recibidas recientemente por parte del grupo paramilitar colombiano “Aguilas Negras”.

Se trata de Beatriz Ilardia, Aitziber Martínez y Humberto Trapero, tres jóvenes internacionalistas vascos que, junto a otros dos muchachos que no están presentes al momento de la entrevista, conforman la Brigada de Askapena en Colombia. El objetivo de esta organización es difundir la problemática del pueblo vasco en el país andino y, a su vez, recabar infomación sobre el conflicto social y armado que vive Colombia con el fin de difundirlo a su regreso en Euskal Heria.

“La labor solidaria de Askapena es perfectamente legal, abierta y se viene desarrollando desde hace más de veinte años”, señalan los brigadistas, quienes enfatizan el hecho de que justo en medio de una de las etapas de mayor represión contra el pueblo vasco (aproximadamente 900 presos políticos, la ilegalización de prácticamente todas las organizaciones independentistas y el encarcelamiento de gran parte de la dirección de éstas) se presente esta andanada contra el trabajo internacionalista de Askapena.

Amenazas

El 29 de julio pasado, Canal UNO de la televisión colombiana transmite en su noticiero la versión de que los brigadistas se habrían reunido con comandantes de las FARC, el ELN y el EPL colombianos en la cárcel de Palo Gordo, ubicada en el Departamento de Santander. La noticia televisiva, de clara intención inculpatoria, es presentada mediante imágenes de guerrilleros de las FARC haciendo prácticas de tiro y militantes de ETA encapuchados. A estas imágenes se le suman fotografías de los brigadistas de Askapena señalados.

En esas fechas el diario digital colombiano Vanguardia Liberal, señala que Beatriz Ilardia ha entrado ilegalmente a Colombia en al menos dos ocasiones, cosa que la militante de Askapena niega tajantemente. “Todas nuestras entradas a Colombia han sido públicas y legales”, agrega.

El 20 de julio pasado, Humberto Trapero, integrante de la misma brigada recibe una llamada telefónica, cuya clave 0058 delata que se está realizando desde territorio venezolano. La voz al otro lado del teléfono le advierte que se trata de un integrante del grupo paramilitar colombiano Águilas Negras y que conoce el papel de Trapero como “vocero de la guerrilla colombiana en Europa”. Menciona que los brigadistas de Askapena están ubicados por el grupo paramilitar, que les han hecho seguimiento y que de persistir en su actitud van a morir.

Todo esto coincide con la segunda visita consecutiva de Baltazar garzón a Colombia quien, dice, solicitará información a las autoridades colombianas sobre los vínculos entre las FARC y ETA.

Estos hechos, en conjunto, han obligado a que la brigada suspenda la visita que tenía programada para estos días a Colombia.

Para los brigadistas de Askapena, existe el peligro real de que se haga un montaje judicial en su contra en España, y que allá se tomen represalias contra ellos como parte de la campaña en marcha desde hace varios meses contra el movimiento independentista vasco.

“El gobierno español coincide con el de Colombia en varios aspectos, entre ellos el de que la solución a los conflictos sociales deben ser resueltos militar y policialmente, sin recurrir al diálogo en busca de una solución política”, afirman los brigadistas.

Para estos jóvenes internacionalistas, el gobierno español busca “desgastar, ir a la baja” con el independentismo de Euskal Herria. “Pero una salida policial es imposible, pues el problema es social, es de identidad, cultura, sentimiento de pertenencia a un pueblo. No sería esta la primera vez que el pueblo vasco estaría en una fase de resistencia. Ellos piensan que pueden aniquilar al movimiento abertzale, pero el pueblo de Euskal Herria ha demostrado tener una capacidad enorme para resistir”, agregan.

La denuncia legal de los hechos ya ha sido tramitada. De igual manera, se ha le dado difusión en los medios informativos independientes. Los brigadistas han dejado en claro que la responsabilidad de cualquier ataque contra su integridad recaería directamente sobre los gobiernos de Colombia y España.

Askapena es una organización que desarrolla su labor solidaria desde hace veinte años. Surgida en el marco de la revolución sandinista en Nicaragua, esta agrupación envía anualmente decenas de brigadas a distintos países del mundo. Su interés en viajar a países donde se desarrollan luchas de resistencia radica en que “un pueblo oprimido siempre tiende a identificarse con otro pueblo oprimido”, asientan estos internacionalistas provenientes del más aguerrido pueblo originario de Europa.

ABP

Cuarenta años de la muerte de Txabi Etxebarrieta, dirigente de ETA


Sólo vivió 23 años, pero la figura de Txabi Etxebarrieta ha sido resaltada en los 40 transcurridos desde entonces por gentes tan dispares como el escultor Jorge Oteiza, el dirigente del PSOE Mario Onaindia o el abogado Julen Madariaga. Uno de sus compañeros de militancia más próximos, Goio López Irasuegi, dejó una frase para la historia: «Txabi fue el primero que mató y el primero que murió». Pero fue además mucho más que eso.

Pese a su temprana muerte, Etxebarrieta, licenciado en Económicas por la Universidad de Deusto, había dirigido ya para entonces la V Asamblea de ETA, en la que él mismo definió conceptos como el de «pueblo trabajador vasco», totalmente novedosos. Había redactado tam- bién los manifiestos de la organización de cara al 1º de Mayo o al Aberri Eguna.

Aquella V Asamblea pasa por ser uno de los momentos políticos claves en la historia de Euskal Herria, según reconocen historiadores de todas las tendencias. Y el papel de Etxebarrieta en la misma también ha sido elogiado por personas tan poco sospechosas como Patxo Unzueta, entonces compañero de militancia y hoy periodista y columnista de El País. En Los nietos de la ira (1988), Unzueta escribe que «como presidente y moderador de la reunión, mantuvo una actitud sensata y equilibrada (...) Hay que recordar que Txabi Etxebarrieta era un hombre muy culto para su edad, al que no le resultaban extraños los debates sobre la `nueva izquierda europea' que por entonces estaban de moda (...) Tampoco se puede decir que, en esta época, su visión del nacionalismo fuese de tal tipo que ignorase o despreciase lo que ocurría en el resto del Estado».

Mario Onaindia, que comenzó en ETA y acabó en el PSOE, cuenta en sus memorias que había sido captado por Etxebarrieta y explica qué es lo que sintió al conocer la noticia de su muerte en Benta Haundi: «Me invadió una enorme e incontrolable sensación de orfandad». Aunque el fallecido Onaindia apunta en el libro que él ya dudaba del camino emprendido por la organización en aquel momento, «por encima de estos sentimientos estaba el hecho de perder un amigo». «Estaba claro que nuestra vida estaba plenamente determinada por aquella muerte y ya no teníamos posibilidad de marcha atrás. Sería una traición», escribiría Onaindia 33 años después.

Para los suyos, Txabi Etxebarrieta, al que pueden ver en la fotografía de la izquierda, fue un líder nato. Incluido para su hermano mayor, José Antonio, de cuya mano hizo toda su carrera política. El abogado escribió a su muerte que «su ausencia es un vacío que, sin vergüenza, sólo podemos llorar. Ciertamente -a pesar de sus aparentes pocos años- Txabi era un líder, y, lo que es más, era un líder simpático. No por cálculo o por querer hacerse agradable. Txabi era simpático porque era profunda, intensamente humano». Lo mismo reflejaba Jokin Gorostidi, con quien iba a encontrarse en Beasain cuando fue tiroteado: «Era un gran militante, un gran revolucionario, un verdadero líder. Conectaba con la gente enseguida, y con los compañeros era cariñoso hasta en los peores momentos». Y el historiador José María Lorenzo Espinosa resalta que su final conmocionó a todos, desde el PNV hasta CCOO.

Su incorporación a ETA se sitúa ya en 1962, aunque hasta cinco años después no tendría que optar por la clandestinidad. Entre tanto, el joven Etxebarrieta desarrolló todas sus inquietudes no sólo políticas, sino también culturales. Leía con fruición a Dostoyevsky, Whitman, Neruda, Baudelaire, Otero, Shakespeare, Ibsen... En las tertulias de los cafés de Bilbao, en pleno renacimiento cultural vasco, compartió debates con gentes como Jorge Oteiza o el poeta Blas de Otero. El escultor no ocultaría su conmoción por los hechos de Tolosa: «Sacrificado en Benta Haundi, el primero de nuestra última Resistencia», escribió Oteiza. «Con la foto del periódico en las manos, lo veía nublado, diferente, no podía entender que lo habíamos perdido para siempre, que lo habíamos perdido todos. Cuando suba a Arantzazu el 1 de noviembre, tengo decidido que pondré en lo alto, en el regazo de la Madre, al Hijo muerto, mirando al cielo, gritando, hablando, no lo sé...».

El encarcelamiento de José Antonio, acusado de pertenecer a EGI (las juventudes del PNV), cuando el hermano pequeño sólo tenía 16 años, fue inevitablemente uno de los impulsos para que Txabi adoptara un compromiso político de tal nivel. Otro se lo proporcionó el conflicto laboral de Bandas, la fábrica vizcaína de la que fueron despedidos 564 trabajadores. Pero eran además los meses del Che Guevara, de Cuba, de Vietnam, de Argelia, de Mao, de Mayo de 1968... cuestiones todas ellas que el joven estudiante de Económicas absorbió como una esponja.

Todo ello moldearía su decisión de optar por la lucha, incluida la armada, y hacerlo con todas las consecuencias. Un militante anónimo de ETA recuperaría una frase suya en la publicación Iraultza, fechada en noviembre de 1968: «Si todos nos quedáramos en casa, a la espera de un cambio, el pueblo moriría (...) La libertad no vendrá de por sí, si nosotros no la impulsamos (...) Creo que llegaré a los 25 años, quizás también a los 30, pero no me moriré en la cama».