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La Humildad como valor revolucionario.


Por Luis R Delgado J

Uno de los elementos que más dan brillo a las fuerzas revolucionarias y de izquierda auténtica frente a las masas, es su estatura moral y su proceder siempre orientado por altísimos valores éticos y humanistas, nada de poses, nada de demagogia, soberbia y oportunismo.

En todo momento los principales dirigentes revolucionarios del siglo XX destacaron la fuerza moral como potencia capaz de derrotar los obstáculos más difíciles. Siendo uno de los valores más apreciados y motivados: la humildad; práctica valorada y agradecida por las masas más empobrecidas que buscan una mano amiga sincera y desinteresada.

Decía José Martí que toda la gloria del mundo entra en un grano de maíz, frase con la cual Fidel sintetiza lo que debe ser la actitud del revolucionario siempre al servicio de los explotados y los oprimidos sin esperar nada a cambio, solo la emancipación y la libertad de los pueblos frente al imperialismo, el capitalismo contemporáneo.

La humildad debe ser siempre cultivada por los revolucionarios frente a las actitudes vanidosas y soberbias propias del individualismo burgués. La humildad es lo que le permite a los revolucionarios poder llevar a cabo permanentemente el proceso de crítica y autocrítica, el cual da la posibilidad de la rectificación de los errores a tiempo.

Pero en el seno de las sociedades capitalistas es difícil el cultivo de este valor positivo, porque esta sociedad que promueve el individualismo exacerbado, el hedonismo, la adulación y el jalamecatismo como forma grotesca de relación social, conlleva a actitudes soberbias, ególatras y vanidosas con mucha facilidad.

Basta con observar el comportamiento de nuestros dirigentes del proceso bolivariano incluyéndonos nosotros mismos que jugamos algún papel en el mismo, para darnos cuenta que las miserias humanas están presentes desde el máximo líder de la revolución hasta los militantes de bases, esta realidad negativa no es fortuita, es producto del contexto social donde nos encontramos en el cual debemos realizar ingentes esfuerzos para desatarnos de sus nudos ideológicos.

Es así como buena parte de los errores que la vanguardia y las bases revolucionarias han cometido se han debido a la soberbia y el triunfalismo, entre la cual destaca en primer lugar la derrota del pasado 2 de diciembre, sin lugar a dudas luego del triunfo abismal en las elecciones presidenciales de 2006, se pensó que a esta victoria se le podía sacar provecho de forma automática y mecánica, subestimándose al enemigo y tomándose muchas cosas a la ligera.

En este contexto de necesaria unidad, el hecho de que el comandante haya atacado de forma indiscriminada a los aliados también fue un grave error producto de la soberbia (al desconocer los pequeños pero importantes aportes de las organizaciones aliadas), que ya hoy debe corregirse con la construcción del Polo Patriótico.

Vemos entonces que la humildad no es sólo un valor revolucionario sino que también es una necesidad política para llevar a feliz término muchos de los planteamientos que se están impulsando.


La humildad revolucionaria va contra toda forma de sectarismo, la humildad nos hace sensibles a las problemáticas sociales, la humildad nos ayuda a reconocer de forma objetiva las correlaciones de fuerza. La soberbia solo nos ha perjudicado, frenémosla!


Recordemos lo que una vez dijo el Che Guevara “el socialismo es la ciencia del ejemplo”.

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