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Manifiesto de los Sueños


“Vencer la enorme fuerza de la costumbre” Lenin

Las cosas más intensas que se viven en la realidad son aquellas que están más cercanas a los sueños.

El desvelo del soñador comienza cuando enseñando a soñar logra que otros sean capaces de realizar los sueños que a él ya no le son posibles o cuando permite por no haber sabido ensoñar que otros se fortalezcan para derrumbar los sueños que a él le fue destinado realizar. Por eso, nadie traiciona a un soñador sin traicionar a sus sueños. Nadie traiciona a sus sueños sin traicionarse a sí mismo. Sobretodo cuando se carece de un argumento superior donde lo traicionado no es tal sino que está por debajo de la altura de una opción más allá de las miserias individuales. Ahí también radica el carácter irreconciliable de las contradicciones, porque los sueños son el país del soñador, y claudicar a un sueño también es una forma de morir. Mas, el hombre pasa, los sueños siguen.

De ahí que, si algún día, después de haber asumido y alcanzado el poder de realizar el sueño que soñaste, aunque sea para verlo hecho realidad en el tiempo de la luz intermitente de una luciérnaga y no lo haces, lo subestimas, lo desvías, lo violentas, entonces ya no tendrás derecho nunca más a él, ni siquiera a desearlo. Mas, tal insensatez no extinguirá, ni negará la dignidad de ese sueño porque no es una debilidad de los sueños, sino de la pobreza vital del soñador. No obstante, los sueños, al margen de toda negación seguirán su signo, alimentados eternamente por el mismo hecho de la belleza de su existencia, justo hasta encontrar un tiempo más humano, otro lugar más sensible, presto a lo verdaderamente esencial y justo.

Y a pesar de lo improbable que puedan ser los sueños, lo que se sueña en algún lugar y tiempo del mundo se hará verdad, aunque el soñador no llegue a ser jamás el protagonista de lo soñado, aunque el receptor del sueño, sin saber que lo han soñado, realice por otro y con otros el sueño que no soñó. Pero también algún día, cuando nos toque con su dejo de incertidumbre la certeza de lo imposible, quedará el recurso de soñar en lo más profundo de lo imperceptible, un sueño que no alcanza a ser consciente: el sueño de soñar realizado lo soñado. Para entonces habremos muerto con todo y sueño en el plano de ese sueño. Desde allí, después de haber cerrado lo perdido, saldremos con un misterio en la sonrisa: la fuerza de un nuevo continuar en busca de otros sueño que se niega a dejar de ser el mismo, el de intentar seguir amando a pesar de todos los dolores, hasta que construyamos juntos el momento del anhelo inevitable, el día del juicio final a la tristeza.

Carlos Angulo

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