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45 ANIVERSARIO DE LAS FARC-EP


Las circunstancias políticas son propicias para el accionar del Movimiento armado y el Movimiento Bolivariano. Manuel Marulanda Vélez

En este pensamiento de Manuel está pintada el alma de las FARC como bandera al viento. Hace 45 años surgimos en las alturas de Marquetalia, la montaña de la resistencia de los pueblos, buscando paz para Colombia, justicia y dignidad. Desde entonces somos la respuesta armada de los desposeídos y los justos a las múltiples violencias del Estado.

La paz es nuestra estrategia, y el accionar del Movimiento armado empuñando la bandera de la alternativa política, la táctica para llegar a ella. Lo decimos también con la palabra de fuego de Bolívar: “la insurrección se anuncia con el espíritu de paz. Se resiste al despotismo porque éste destruye la paz, y no toma las armas sino para obligar a sus enemigos a la paz”. Por ella entregaron su vida Manuel Marulanda Vélez, Jacobo Arenas, Efraín Guzmán, Raúl Reyes, Iván Ríos y toda esa invencible legión de comandantes y combatientes a quienes hoy recordamos con veneración. Para todos ellos, honor y gloria en este aniversario de las FARC.

“Aquel que asegura su honor -decía el Libertador- dedicando su vida al servicio de la humanidad, a la defensa de la justicia y al exterminio de la tiranía, adquiere una vida de inmortalidad al dejar el marco de la materia que el hombre recibe de la naturaleza. Una muerte gloriosa triunfa sobre el tiempo y prolonga la sublime existencia hasta la más remota posteridad”… Es lo que ocurre con todos ellos, que a pesar de haber partido siguen vivos en los fusiles y el proyecto político de las FARC, con Bolívar combatiendo por la Nueva Colombia, la Patria Grande y el Socialismo, hombro a hombro con el pueblo y sus guerrilleros.

Queremos el país que vislumbran el Manifiesto de las FARC y la Plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia. Lo queremos surgido de un Gran Acuerdo Nacional hacia la Paz rubricado por todas las fuerzas dispuestas a protagonizar el cambio de las injustas y anacrónicas estructuras, sin exclusiones. Emanado de un pacto social rodeado de pueblo que instrumente la articulación de una alternativa política con miras a la conformación de un nuevo gobierno nacional, patriótico democrático, bolivariano, hacia el socialismo. Sí, hacia el socialismo, que es justicia y redención de pueblos, el arca de salvación de la humanidad frente al hundimiento del sistema capitalista mundial.

La dignidad de Colombia y el rescate del sentimiento de patria reclaman un nuevo liderazgo que privilegie la unidad y el socialismo al avanzar hacia el horizonte futuro. Un nuevo grito de independencia nos convoca mostrándonos el campo de batalla del Ayacucho del siglo XXI donde flamea la certeza del triunfo de la revolución continental, la de Bolívar y nuestros próceres.

Es hora de superar la vergüenza nacional que significa un gobierno ilegítimo e ilegal, generador de muerte y de pobreza. Un gobierno que apoyado por el de Washington, sólo actúa para perpetuar la guerra y la discordia mientras garantiza a sangre y fuego la seguridad inversionista a las trasnacionales que saquean nuestros recursos. Un régimen apátrida, que a pesar del alto número de tropas norteamericanas que intervienen en el conflicto interno de Colombia, permite que nuestro suelo sagrado sea hollado por más tropas extranjeras, las expulsadas de Manta, permitiéndole a los Estados Unidos operar en esta tierra una base de agresión para el asalto a los pueblos hermanos del continente. Un gobierno desvergonzadamente narco paramilitar, que ya no se inmuta ante las contundentes confesiones de capos paramilitares que aseguran, como “Don Berna”, haber financiado con dólares de la cocaína las campañas presidenciales de Álvaro Uribe Vélez. Un gobierno y un Presidente que convirtieron el Palacio de Nariño en oscuro antro de conspiración entre mafiosos para desestabilizar a la Corte, obstruir a la justicia y dejar sin efecto la independencia de los poderes públicos. Que extraditó a los Estados Unidos a los cabecillas paramilitares cuando estos empezaron a vincular al entorno de Uribe, a los generales, a los empresarios y a los ganaderos, en la estrategia paramilitar del Estado que aún desangra a Colombia.

El país nacional no sale del asombro ante el autismo de la Fiscalía que prefiere clavar su cabeza en la arena para no emprender ninguna acción de responsabilidad penal contra las empresas Chiquita Brand -la misma de la masacre de las bananeras en 1928- la Drummond, Postobón, Brasilia, Carbones del Caribe…, denunciadas por el jefe paramilitar Salvatore Mancuso como financiadoras del paramilitarismo. El mismo Cabecilla ha revelado que la masacre de la Gabarra en la que fueron asesinados 40 campesinos, perversamente atribuida a la guerrilla para desprestigiarla, fue realmente ejecutada por los paramilitares, el ejército y la policía.

La máscara ha caído. A Uribe lo ronda insistente el fantasma de Fujimori condenado en el Perú a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad. Prevé que los cobardes asesinatos de civiles no combatientes, estimulados por la insania de mostrar a todo trance resultados con sangre de su política fascista de seguridad, no quedarán en la impunidad. Claman justicia al cielo el desplazamiento forzoso de más de 4 millones de campesinos, el despojo de sus tierras, las miles de fosas comunes, y la vinculación del presidente a masacres de indefensos ciudadanos. El jefe paramilitar que denunció la responsabilidad directa de Uribe en la espantosa masacre de El Aro, Antioquia, acaba de ser asesinado para satisfacción del tirano del Palacio de Nariño Sabe que tarde o temprano tendrá que responder por sus crímenes.

Debe ser revocado el mandato de un presidente que ha impuesto el deshonroso récord de tener a más del 90% de su bancada parlamentaria vinculada al proceso de la narco-parapolítica; que mantiene como ministros de Estado a delincuentes de cohecho; que utiliza el poder para enriquecer a sus hijos, que convierte el servicio diplomático en refugio de asesinos como el general Montoya tantas veces denunciado, y que promueve referendos inconstitucionales para perpetuarse en el poder como mecanismo de escape a la justicia. Uribe es un verdadero bandido amparado tras la banda presidencial.

Cuántos problemas internacionales ha generado su absurda pretensión de trasnacionalizar la política fascista de seguridad con la que el gobierno de Colombia se cree en el derecho de actuar extraterritorialmente en desarrollo de su particular visión y de su estrategia contrainsurgente, por encima de los pueblos y sus gobernantes, pisoteando la soberanía de las naciones y desestabilizando la región, siempre apoyado por el gobierno de Washington.

Quiere incendiar al país indefinidamente con el fuego de la guerra y de la violación de los derechos humanos aferrado a la quimera del triunfo militar. Con inconsecuencia niega la existencia del conflicto político y social, pero coloca su enfermiza ilusión en el Plan Patriota del Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos, creyendo inútilmente que la inconformidad social puede ser abatida a tiros y tecnología militar de última generación.

Incrementar el pie de fuerza a más de 450 mil efectivos por cuenta de la mayor ayuda militar de los gringos en el hemisferio no lo mantendrá en el poder, porque así lo dice la experiencia histórica y la sensatez. “Los pueblos que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos”. Pero además un gobierno desprestigiado, amarrado a la ilegitimidad y acosado por la crisis del capitalismo mundial es un gobierno condenado al fracaso.

La Colombia de hoy no quiere el guerrerismo ultramontano del gobierno. Quiere soluciones al creciente desempleo y la pobreza. Reclama la inversión social sacrificada en aras de la guerra. Pide educación, vivienda, salud, agua potable, derechos laborales, tierra, carreteras, electricidad, telefonía y comunicaciones, mercadeo de productos, renacionalización de las empresas que fueron privatizadas, castigo a la corrupción, soberanía del pueblo, protección del medio ambiente, democracia verdadera, libertad de opinión, liberación de presos políticos, fin a la irracional extradición de nacionales que mantiene de rodillas la soberanía jurídica, información veraz, relaciones internacionales de respeto recíproco entre las naciones, integración y Patria Grande, justicia social y paz.

Uribe le teme, como el diablo al agua bendita, al clamor creciente de los que piden paz, castigo a los crímenes de Estado, y nuevo gobierno. Por eso exige con angustia que el tema de la paz sea proscrito del debate electoral que se avizora. Es la locura y el absurdo transfigurados en un mandatario que quiere encadenar el país a sus odios y resentimientos. Nadie podrá desligar de un proyecto de nueva sociedad y de gobierno, la paz que anhelan las mayorías nacionales. Ella es la bandera que unirá a los colombianos contra la tiranía, la guerra y la injusticia.

Todos debemos estar alerta para impedir la maniobra uribista de cambiar al actual Registrador Nacional por uno de sus serviles. La única esperanza del guerrerismo hirsuto ante el anhelo de las mayorías, es el fraude. Y es lo que debemos impedir ahora, ya que éste fue amo y señor de las elecciones del 2002 y del 2006. La reelección de Uribe es un asqueroso monumento al dolo y a la estafa erigido por el ex director del DAS Jorge Noguera, y el capo narco-paramilitar Jorge 40. En las 4 millones de firmas recogidas por los uribistas a favor del referendo con apoyo de dineros de DMG, están estampadas las firmas de un millón y medio de muertos. Eso es fraude y robo.

Fraude a la opinión es también la peregrina fábula de la derrota militar de la guerrilla, argumento falaz, pariente de los “falsos positivos”, utilizado en el fondo para justificar los terribles desafueros del Estado contra la población civil. Como siempre quisieron con Manuel Marulanda Vélez, han querido matar a las FARC con los fusiles del deseo y el ensordecedor tableteo de las rotativas. Ninguna guerrilla puede ser exterminada con disparos de tinta. No hay era del post-conflicto sino en el sueño delirante del guerrerismo sin futuro de un régimen en decadencia.

Desde las montañas de la resistencia, como lo hemos venido haciendo desde hace 45 años, convocamos a los colombianos a movilizarse resueltamente por la paz, la que nos negaron los santanderistas y el imperio washingtoniano cuando mataron a Bolívar y a la Colombia de la unidad de pueblos en 1830. El pasado cuenta en la construcción de la sociedad futura. Nadie nos puede desligar del destino señalado por el Libertador en los orígenes de la República. La incitación del senador Álvaro Gómez Hurtado a comienzos de la década del 60 a someter a sangre y fuego, lo que consideró “República Independiente de Marquetalia”, no ha sido suficiente para entender que los problemas nacionales no se solucionan a través de la violencia del Estado. Hay que construir una Nueva Colombia sobre el sólido cimiento de la paz concertada.

El Gran Acuerdo Nacional hacia la Paz debe tener como norte estratégico la formación de un nuevo gobierno que garantice al pueblo “la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de garantías sociales y la mayor suma de estabilidad política”, como lo exigía el Libertador. Un gobierno patriótico, democrático, bolivariano, hacia el socialismo, como lo consigna la Plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia.

Como garantía de paz y de soberanía nacional debemos erigir unas nuevas Fuerzas Armadas compenetradas con la doctrina militar bolivariana que inculca el amor al pueblo y el odio a la tiranía. No debemos olvidar que el ejército patriota fue el creador de Colombia y la República en las fulgurantes victorias de Boyacá y de Carabobo, y que su comandante Bolívar lo definió como “defensor de la libertad”, agregando que “sus glorias deben confundirse con las de la república, y su ambición debe quedar satisfecha al hacer la felicidad de su país”. Así deben ser las nuevas Fuerzas Armadas y estamos seguros que muchos de los actuales oficiales sueñan con jugar ese papel.

Nos solidarizamos con la justa lucha de las familias de los soldados regulares que reclaman el derecho a no ser obligados a entrar en combate mortal con la guerrilla. La guerra que niega el gobierno para no reconocer el carácter político de la insurgencia que lucha por el poder, en el sólo mes de marzo produjo 297 militares muertos y 340 heridos. Llamamos a los soldados a no dejarse utilizar más como carne de cañón defendiendo unos intereses que no son los suyos sino los de una oligarquía podrida y criminal, insolidaria, que muy poco hace por ellos si caen prisioneros o resultan mutilados. Estamos seguros que sus familiares también quisieran gritarle al gobierno, con el profesor Moncayo, que sus hijos no fueron paridos para la guerra de la oligarquía.

Para lograr el propósito de Colombia Nueva es necesario reorganizar el Estado sobre la base de la soberanía del pueblo, tal como lo concibió el Libertador en Angostura. A las tres ramas del poder público debemos agregarles los poderes moral y electoral, instituyendo la revocatoria del mandato en todas las instancias de elección popular. No más copias de leyes extranjeras para resolver nuestros asuntos internos. No más sistema penal acusatorio. Requerimos un nuevo gobierno que castigue ejemplarmente la corrupción y cierre espacios a la impunidad; que proscriba la política neoliberal causante de nuestras desgracias económicas y sociales. El país y el gobierno que soñamos deben asegurar el control de las ramas estratégicas, estimular la producción en sus diversas modalidades, hacer respetar nuestra soberanía sobre los recursos naturales. Hacer realidad la educación gratuita en todos los niveles, llevar justicia al campo con una verdadera reforma agraria que genere empleo y soberanía alimentaria, y sembrar la infraestructura del progreso nacional. Los contratos con las trasnacionales que sean lesivos para Colombia deben ser revisados, así como los pactos militares, los tratados y convenios que mancillen nuestra soberanía, anulados. En este mismo sentido el país no tiene por qué pagar la deuda externa en aquellos préstamos viciados de dolo en cualquiera de sus fases. Solución no militar ni represiva al problema social de la narco producción. Nuestra política internacional debe reorientarse hacia la integración solidaria de los pueblos de Nuestra América en la Patria Grande bolivariana, y el Socialismo.

La etapa definitiva de la lucha por la paz ha comenzado. El pueblo colombiano no puede aflojar hasta no ver concretado este derecho.

¡Con Bolívar, con Manuel, con el pueblo, al poder! Manuel vive en la lucha del pueblo colombiano.

Hemos jurado vencer, y venceremos.


Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP Montañas de Colombia, mayo de 2009

A UN AÑO DE LA MUERTE DEL CAMARADA MANUEL

Por: Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP

Camaradas del Estado Mayor Central, direcciones de Bloques, Comandos Conjuntos, Frentes, Columnas, Compañías, Guerrillas y Escuadras; guerrilleras y guerrilleros, Sandra e hijos, PCCC, milicias Bolivarianas y Populares, movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia y al pueblo Colombiano les decimos hoy que a un año de la desaparición física del Comandante Manuel Marulanda Vélez las FARC- EP seguimos adelante desarrollando el plan estratégico, guiados por todos los documentos que han producido las 9 conferencias nacionales de guerrilleros, plenos del Estado Mayor Central y su Secretariado en 44 años de confrontación política militar con el estado colombiano, su régimen oligárquico y excluyente, amamantado y dirigido por el imperio.

La vida revolucionaria de Bolívar, Jacobo y Manuel, son ejemplo a seguir, por su amor al pueblo y lucha permanente contra los esclavistas, capitalistas e imperialistas que son los que engañan, eliminan, desaparecen, invaden y se alimentan con la sabia de los pobres del mundo. Organizadores de ejércitos, conductores populares sin igual, persistentes hasta los últimos días de sus vidas.

El legendario Comandante Manuel Marulanda Vélez con sus compañeros de dirección dejo todo organizado, estatuido, reglamentado, normatizado y las líneas generales para hacer realidad nuestro proyecto revolucionario.

En todos los eventos donde él participo, siempre nos inculcó la lucha por la paz con justicia social y soberanía, la dignidad de ser guerrilleros donde reina la fraternidad, solidaridad, persistencia, lealtad, austeridad, verdad, honradez, sencillez, modestia, capacidad física y moral para enfrentar todas las dificultades sin vacilación de la vida guerrillera, ni el más intenso dolor, hambre, sueño y cansancio nos doblega, así fue la intensa vida de nuestro comandante Marulanda, con firmeza enfrentó a la cabeza de sus camaradas a enemigos poderosos, políticos militares y siempre salió triunfante, su pensamiento es el de las FARC EP, por esa razón, el Estado Mayor Central, el Secretariado y toda la guerrillerada estamos unidos, cohesionados actuando sobre lo ya elaborado que es nuestra línea política militar, la vamos actualizando a la luz del Marxismo leninismo de acuerdo a la realidad Colombiana.

Nuestra gran tarea es contribuir en la organización del pueblo y entre todos acabar las causas que han generado las desigualdades sociales y la violencia estatal contra los humildes de nuestra patria.

Las colosales cualidades revolucionarias de Manuel Marulanda Vélez son patrimonio de las FARC- EP y de todos los pueblos del mundo, 60 años luchando en diversas formas por la vida y el bienestar común, con un desprendimiento total de la propiedad privada, siempre marcho a la vanguardia de sus camaradas, jefe indiscutible, con enorme capacidad y don de mando, solo su presencia repleta de autoridad moral era suficiente para resolver las grandes dificultades de los momentos críticos que hemos tenido en nuestros 44 años de existencia.

Es por eso que las FARC- EP nunca desfallecemos, somos fieles a lo que entre todos hemos planificado.

Cuando él se marcho de la vida, de inmediato nos reorganizamos, designamos comandante del Estado Mayor Central al comandante Alfonso Cano, distribuimos entre todos las distintas responsabilidades, completamos el Estado Mayor Central y reajustamos las diversas direcciones que existen en este ejército guerrillero e irregular.

Todo el Secretariado en cabeza del comandante en Jefe Alfonso Cano dirigimos a las FARC- EP en dirección colectiva, con base a la línea que tenemos, aquí lo que hay es dedicación al trabajo revolucionario. Es que todo está armado, falta es que la mayoría del Pueblo Colombiano se una a nuestra plataforma, al movimiento Bolivariano y todo lo que hemos proyectado, así no dan un brinco los paramilitares de la casa de Nariño, la oligarquía genocida la llamamos a juicio e instauramos un gobierno de reconstrucción y reconciliación nacional.

En Colombia continúan madurándose con celeridad las causas objetivas que reclaman transformaciones revolucionarias, pero hace falta desarrollar a plenitud los factores subjetivos. Así, no habrá ni oligarquía ni imperio que valga.

El mejor homenaje que podemos rendir a nuestro comandante en jefe es el crecimiento en todo orden, educación y combatividad de las FARC-EP, milicias Bolivarianas y Populares, el PCCC, movimiento Bolivariano y organizaciones populares.

Todos juntos con el pensamiento de Manuel, Jacobo, Raúl Reyes, Nariño e Iván ríos, Adán Izquierdo llegamos al poder.

Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC EP.

Montañas de Colombia. Marzo 23 del 2009.

RAÙL REYES, INSURGENTE BOLIVARIANO DE COLOMBIA


Por: Fernando Acosta Riveros / Colaborador ABP México

Cinco meses después de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, en un año marcado cruelmente por la violencia, nació en el municipio de La Plata, ubicado en el departamento de Huila, el día 30 de septiembre de 1948, el colombiano Luis Edgar Devia Silva, conocido en la actual historia revolucionaria de su país como Raúl Reyes, su nombre de combate en las filas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Casi seis décadas después, en otro año cruel y violento para las mayorías colombianas, Raúl Reyes fue asesinado cobardemente en un campamento internacional de paz establecido en Sucumbíos, República de Ecuador, en la madrugada del sábado primero de marzo de 2008.

Los militares asesinos de Colombia, que invadieron territorio ecuatoriano apoyados por el gobierno estadounidense de George W. Bush durante la llamada “Operación Fénix”, primero lanzaron diez bombas de 226 kilogramos en un radio de 600 metros, en el corazón del campamento de paz, establecido dentro de un país pacífico, soberano y solidario: Ecuador. Una hora después del bombardeo, los militares colombianos, enemigos de los pueblos de nuestra América, incursionaron en la zona con helicópteros Black Hawk. Tenían la intención de exterminar a los insurgentes y a los acompañantes que habían sobrevivido al bombardeo. Las investigaciones, realizadas por autoridades ecuatorianas, demostraron que varios de los seres humanos fallecidos durante la invasión gubernamental colombiana, fueron ultimados con disparos a quemarropa.

Raúl Reyes cayó defendiendo principios bolivarianos de unidad para la justicia y la paz de Colombia y de los países de nuestra América. Era un insurgente revolucionario que luchó primero pacíficamente como militante de la Juventud Comunista en los años 60 del pasado siglo XX, época en la que también incursionó en el sindicalismo independiente, destacándose como líder de los trabajadores en una planta procesadora de lácteos perteneciente a Nestlé en el departamento colombiano de Caquetá.

Militante del Partido Comunista Colombiano (PCC), Raúl Reyes, privilegió siempre el camino de la paz, por la paz y hacia la paz. Escogió la vida de combatiente cuando comprendió que el sistema político que oprime a Colombia, desde los años 40 del siglo anterior, es manejado por una mafia que se opone violentamente a cualquier cambio de fondo para transformar la vida cultural, económica, política y social.

Raúl se hizo fariano y desde las FARC aportó al diálogo y ayudó a buscar una salida política al conflicto armado. Se casó con Gloria Marín, una de las hijas del comandante Manuel Marulanda Vélez, fundador de ese movimiento de liberación nacional. Antes de participar activamente en la insurgencia política se desempeñó como concejal en La Plata por el PCC. Fue un compañero internacionalista, solidario con las luchas de los pueblos: cubano, guatemalteco, nicaragûense, panameño, salvadoreño, así como con las causas justas de todos los países de la tierra. Visitó naciones de Europa Oriental en los años setenta, conoció varios proyectos de socialismo y aspiró a la unidad de los países americanos, como lo habían propuesto Simón Bolívar y José Martí en las luchas del siglo XIX y Ernesto Che Guevara en el siglo XX.
El insurgente bolivariano representó a las FARC en varios encuentros organizados por el Foro de Sao Paulo.

En 1995 intercambió conceptos acerca de la importancia de buscar una salida política al conflicto armado en Colombia. Dialogó con representantes de México, Brasil, Argentina y Venezuela, entre los cuales se encontraba Hugo Chávez Frías, ahora Presidente de la república bolivariana.

Cuatro años después de esa edición del Foro de Sao Paulo, Raúl Reyes participó como portavoz de las FARC en el proceso de diálogo con el gobierno de Andrés Pastrana Arango (1998-2002). Acompañó en una gira por Europa a Víctor Ricardo, asesor de paz gubernamental. Desde entonces varios partidos políticos y organizaciones sociales del viejo continente reconocen y valoran a las FARC como movimiento político-militar, a veces en oposición a lo que consideran los gobiernos.

La acción criminal del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, perpetrada hace un año en Ecuador, fue rechazada por la opinión pública internacional que observaba con simpatía y esperanza la posibilidad de lograr un acuerdo humanitario, cuando el 27 de febrero las FARC informaron de la liberación de cuatro ex congresistas que habían permanecido como rehenes. Se trataba de Gloria Polanco, Orlando Cuéllar, Eladio Pérez y Gerchen Turbay.

El uso de la fuerza y la violación de la soberanía de Ecuador demostró, una vez más, ante el mundo la naturaleza criminal del gobierno colombiano, controlado por narcos y paramilitares. Álvaro Uribe Vélez nunca estuvo interesado en lograr la paz para su país. El y sus colaboradores cercanos se benefician de la guerra. Está obsesionado desde 1996, cuando se desempeñaba como gobernador del departamento de Antioquia, con exterminar a la insurgencia y a quienes simpatizan o puedan llegar a simpatizar con la causa política y libertaria de las FARC y del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

26 personas murieron en el campamento de diálogo establecido temporalmente por las FARC en Sucumbíos, Ecuador en marzo de 2008, entre ellas, los mexicanos: Fernando Franco Delgado, Juan González del Castillo, Soren Ulises Avilés Ángeles y Verónica Natalia Velásquez Ramírez.

Los 26 asesinados participaban en una reunión política pacífica solidaria con un país amenazado y víctima durante más de 60 años de gobiernos criminales impuestos por el imperio estadounidense, cuyos dirigentes han intentado convertir a Colombia en el basurero del continente americano.

LOS HOMBRES MUEREN, LAS IDEAS PERDURAN

El primero de marzo de 2008, en una operación conjunta del ejército colombiano y fuerzas de seguridad norteamericanas, violando en forma descarada la soberanía de la hermana república del Ecuador, dirigidas y orientadas desde las bases gringas de Tres Esquinas en el Caquetá, y Manta en el Ecuador, murió nuestro comandante Raúl Reyes cuando dedicaba todos sus esfuerzos para desbrozar los caminos que nos permitieran confluir con todos aquellos, que al igual que nosotros, sueñan con una Colombia en Paz con Justicia Social, Dignidad y Soberanía.

Un golpe sensible para nuestra organización. Pero mucho más, fue una puñalada trapera a la posibilidad real de conquistar la paz en Colombia. Lo que hasta ese momento se había forjado fue destruido de un solo tajo. Raúl, digno representante de la clase obrera colombiana, venía concertando contactos con voceros de la sociedad colombiana y de la comunidad internacional en aras de impulsar y hacer realidad el Acuerdo Humanitario y sentar las bases para iniciar la búsqueda de la salida política al conflicto colombiano. Raúl fue un fiel intérprete de la vocación de paz de las FARC-EP, en función de lo cual no escatimo esfuerzo ni sacrificio hasta llegar a ofrendar su vida.

No satisfechos, los enemigos de la paz encabezados por Álvaro Uribe, tomando como base documentos incautados realizaron un burdo montaje contra personalidades de Colombia y el exterior con el único propósito de taponar hasta el más mínimo resquicio que nos permitiera seguir avanzando en la construcción de soluciones distintas a la guerra.

Olvidaron que la esencia de la FARC-EP y sus razón de ser es la Paz, entendida como la reconciliación y la reconstrucción de nuestra Patria sobre la base de parámetros nuevos que garanticen la repartición equitativa de la riqueza que produce nuestro laborioso pueblo, que erradique la miseria, que garantice la participación de todos en las grandes decisiones, en resumen, que priorice al ser humano y su entorno. De ahí que hemos seguido reconstruyendo esos senderos por encima de la adversidad y enfrentando la mayor ofensiva mediática y militar que organización alguna haya sufrido en América Latina. Muestra fehaciente son las liberaciones unilaterales de prisioneros de los últimos días.

Siete días después muere nuestro querido comandante Iván Ríos, asesinado de forma aleve y traicionera. Crimen que pasará a la historia universal de la infamia. Toda la orgia mediática y las declaraciones de los personeros del régimen que se generaron alrededor de esta felonía, pusieron de presente una vez más su catadura fascista y los valores morales y éticos que los identifica.

Con la muerte de Iván perdió Colombia otro adalid de la Paz. Nunca olvidaremos su trabajo diligente y constante en aras de construir consenso, su jovialidad, optimismo y la profunda confianza en el proyecto fariano.

Desde estas trincheras que durante años compartimos con Raúl e Iván, a un año de su desaparición física, podemos decirles que otros han ocupado sus puestos y hemos redoblado esfuerzos en aras de hacer realidad la construcción de la Patria Grande y el Socialismo, garantía para que haya Paz en Colombia.

Gloria eterna a la memoria de Raúl e Iván.
Montañas de Colombia, Marzo 1 de 2008

Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP

SALUDO DE LAS FARC-EP AL PUEBLO COLOMBIANO

Culmina otro año vergonzoso para los colombianos caracterizado como nunca por una sucesión de crímenes, corrupción y gravísimos escándalos en las más altas esferas del poder. Un año que será recordado por la infame cadena de asesinatos, violencia y terror cometidos por la Fuerza Pública contra nuestro pueblo, lo que ratifica una verdad que hemos gritado ante el mundo entero desde hace más de 40 años: en Colombia hay un régimen de Terrorismo de Estado.

No obstante, este 2008 también será recordado como el año en que se fue descorriendo el velo del inmenso y engañoso fraude que han significado los 6 años del gobierno fascista encabezado por el dictador Álvaro Uribe Vélez. Porque fue un fraude su reelección alcanzada con engaños, sobornos, truculencias y traiciones; fue un fraude su promesa de acabar con el paramilitarismo, que, por el contrario, creció y mostró que sus tentáculos y ramificaciones llegaron a dominar no solo organismos de inteligencia como el DAS, sino que alcanzaron la propia casa de Nariño; fue un fraude su política de acabar con la corrupción y la politiquería pues no conoce la historia de Colombia administración más corrupta que la actual. Pasarán los años y este Congreso será recordado en la posteridad como un parlamento, (con honrosas excepciones de la oposición) plagado de delincuentes confesos, mafiosos, componederos y paramilitares con las manos tintas en sangre de compatriotas.

Fue un fraude su política anti drogas, pues en estos años aumentó la producción de cocaína y se develó con meridiana claridad que los paramilitares son una mafia del narcotráfico nunca combatida por las Fuerzas Militares, que contaron y cuentan con la protección oficial y que en nefanda alianza asesinaron sin compasión a millares de inocentes en campos y poblados.

Fue un fraude su proclamada victoria contra la insurgencia. Las abultadas cifras de muertos engañosamente presentadas a la opinión como pruebas de los pretendidos triunfos contra la guerrilla alcanzados por sus falsos “héroes,” devinieron de la horrenda masacre de miles de humildes compatriotas, asesinados en un festín de muerte, llegando al extremo de legalizar cadáveres y crear carteles para cobrar recompensas por ellos, o, en su degradación moral, utilizarlos para obtener un permiso o una licencia de vacaciones.

Tras la hipócrita denominación de “falsos positivos” lo que se esconde no es más que un nauseabundo y espantoso crimen de lesa humanidad contra los colombianos que apenas da una idea de la honda dimensión de un genocidio ejecutado sistemáticamente durante décadas por la Fuerza Pública contra nuestro pueblo y que reclama no destituciones compensadas con embajadas, sino condenas penales ejemplarizantes.

Proponer, como lo hizo Uribe, que en las unidades militares se reciban las denuncias sobre violación de los DD. HH. es como si Hitler le hubiera pedido a las SS que recibieran las quejas de los abusos cometidos por la Gestapo.

Esta engañosa salida no es más que otra estafa al dolor de miles de colombianos que claman por conocer la verdad sobre la suerte corrida por sus familiares asesinados a manos de las fuerzas militares del régimen. Lo que el gobierno pretende es eludir la cuestión fundamental de todo este drama y no responder qué pasó realmente con el asesinato de miles de nuestros compatriotas, ni por qué fueron retirados 27 altos mandos militares incluidos varios Generales a tiempo que otros renunciaron incluyendo al comandante del ejército.

El qué, el cómo, el cuándo y el por qué de toda esta tragedia, son preguntas que aún están sin respuesta.

No puede ser casual ni coyuntural una crisis que se repite cíclicamente y por años. Estamos ante la evidencia de un hecho denunciado y negado mil veces. Escándalos que se tapan con otros escándalos producto de crímenes y de masacres. Mapiripán, La Rochela, el Aro, San José de Apartadó, Urabá, El Naya, Jamundí, Guaitarilla, Cajamarca son nombres ligados ya por la memoria colectiva a otras tantas tragedias y a los nombres de Generales como Rito Alejo del Río, Uscátegui, Manosalva, Montoya, Yanine, Iván Ramírez, Bedoya Pizarro, Mora Rangel, Ospina y al mismo presidente Uribe.

El velo de las mentiras se está corriendo y más temprano que tarde brillará la verdad plena, para bien de la patria.

Es la concepción mafiosa de la Seguridad Nacional y del Estado, la que está en entredicho. Es la legitimidad de unas fuerzas militares, que reclaman el monopolio de las armas de la República y se valen de ellas para mancillarlas y para asesinara su propio pueblo, lo que está en juego.

Es la propia legitimidad del Estado la que está cuestionada porque detrás de la mentirosa retórica de la mal llamada “Seguridad Democrática” lo que se esconde es la guerra sucia contra el pueblo: El Terrorismo del Estado.

Está comprobado que las fuerzas militares actuando conjuntamente con los paramilitares han desplazado a más de 4 millones de personas, desaparecido a más de 25 mil compatriotas lanzando sus cuerpos a los ríos convirtiendo a estos en cementerios sin tumbas, o en ocasiones arrojando vivas a sus víctimas a las fauces de cebados cocodrilos, como solían hacerlo en la hacienda de Miky Ramírez en Bolívar y en La Hacienda " Villa Sandra ", en Puerto Asís (Putumayo). En los últimos 5 años, han asesinado a más de1. 800 indígenas y 2. 570 sindicalistas.

Las confesiones de los jefes paramilitares sobre sus espeluznantes matanzas, de sus estrechas relaciones y su financiamiento por parte de empresas nacionales y multinacionales sorprendieron al país nacional, pero no al establecimiento. Empresas como Postobón, Bavaria, Coca cola, Carbones del Caribe, Brasilia, Copetran, Vikingos, Palmicultores del Magdalena, Cafeteros de la Sierra Nevada, Carboneras del Cesar, ECOPETROL, Prodeco, Pizano, Maderas del Darién; Maderas de la Cuenca del Río Truandó, Transportadores de Carbón, Del Monte, Bancol, Drumond, Hyundai, Comcel, Club Vacacional Mendihuaca, Caribbe And Resort, algunos contratistas de gases del Caribe, Chiquita Brands (le regaló 3. 000 fusiles a los paramilitares) , Dole, Proban, Uniban y Sociedad Emilia Hazbun y Cía., han utilizado al paramilitarismo para imponer relaciones laborales precapitalistas y en otros casos, para realizar sus grandes proyectos arrasando por completo con pueblos de pobres y de indígenas como sucedió en la Sierra Nevada de Santa Marta para la construcción de la represa sobre el río Bessote o la represa de Urrá, en Córdoba, donde sin contemplación desalojaron a todos los Emberá Katíos; y en Urabá, para el desarrollo de los proyectos de palma africana y banano, donde el mismo paramilitar H. H. reconoció sin rubor, haber asesinado a más de 3. 000 personas.

El monstruo de la narcoparapolítica se tomó a Colombia y compromete a toda la cúpula del Estado, empezando por el propio Uribe cabecilla principal del paramilitarismo, al vicepresidente Francisco Santos inspirador del “Bloque Capital”, a la comandancia del ejército y de la policía (los Montoyas, los Padillas y los Naranjos), al Ministro de Defensa Juan Manuel Santos (que conspiró con Carlos Castaño), al ex jefe del DAS Jorge Noguera y a más del 35 por ciento del Congreso.

Este régimen terrorista del gran capital y del latifundio genera una profunda corrupción. Nunca antes las instituciones se habían enlodado tanto por descender tan bajo, ni tampoco la delincuencia organizada había subido tan alto, al punto, que la augusta Casa de Nariño conocida históricamente como residencia presidencial y sede del gobierno de turno, ha sido convertida por el presidente Uribe en algo así como el " basurero de Doña Juana ", de cuyo fondo emanan tóxicos y pestilencias que a diario envenenan el organismo de la nación y contaminan el ambiente más allá de las frontera patrias.

Porque todo en este gobierno hiede como el inmoral caso de la Yidis política, que estremeció al país cuando se conoció que la aprobación de la primera reelección en el Congreso, fue producto del pago en prebendas a Yidis Medina y Teodolindo Avendaño por parte de los Ministros de la Protección Social e Interior, Diego Palacios Betancourt y Sabas Pretelt respectivamente, y que hoy se repite agigantada, la inmoralidad que pretende una repudiable segunda reelección de Uribe, sostenida sobre trampas, narco dineros, sobornos y engañosa la población.

El derrumbe de las pirámides, de las que hace parte la familia presidencial y cuyos costos tratan de descargar sobre los hombros de la gente humilde, es otra muestra del engaño, la corrupción y las componendas de la narcotizada clase política colombiana.

Todo esto acontece en medio de una crítica situación social deteriorada al extremo por la reforma laboral uribista que cercenó las conquistas obtenidas por los trabajadores tras años de intensas luchas y que generalizó el esclavista sistema de las cooperativas de empleo para explotar más a los obreros y empleados, situación afectada también porque una buena cantidad de hospitales han sido cerrados, muchas universidades públicas están sin presupuesto y otras paramilitarizadas, las empresas estatales más rentables fueron entregadas a precio de ganga al capital trasnacional (sobre todo gringo y español), el desempleo sigue su línea ascendente, los salarios son bajos y la de pauperización permanente, el déficit de vivienda aumenta, la cobertura social del sistema de salud es absolutamente precaria, las insuficiencias educativas son crecientes, gran porcentaje de los municipios del país carecen de agua potable, el arrasamiento del equilibrio ecológico presagia catástrofes, los damnificados de la violencia se sumen en el olvido oficial, se mantiene la desnutrición secular de franjas importantes de la niñez colombiana, todo esto como manifestaciones de la política de un estado y de una oligarquía voraz, que solo piensa en su chequera y que como si fuera poco pretende comprometer al país en un oneroso e inaceptable tratado comercial (TLC) con los Estados Unidos.

Y mientras campea esa miseria social, el gobierno colombiano gasta anualmente 22. 21 billones de pesos, un 6, 5 por ciento del producto interno bruto (PIB) que asciende a 351, 2 billones de pesos. Si el estado destinara a educación y salud el total del gasto militar, con ese dinero podrían construirse 3. 666 escuelas y 220 hospitales de tercer y cuarto nivel. Pero no, todas las llaves que puedan conducir al mejor estar del pueblo están cerradas, el único grifo que dejan abierto para que el pueblo lo utilice hasta saciarse, es el de la muerte.

A tal despilfarro militar se suman los cerca de 10 mil millones de dólares gastados por el gobierno de los Estados Unidos durante los últimos 6 años en su guerra contra el pueblo colombiano a través del imperial, inútil y fracasado Plan Colombia porque la verdad es que nuestra soberanía está completamente deshilachada ya que la injerencia norteamericana es cada vez más grande y mayor la sumisión de Uribe, a quien el imperio le designó en Latinoamérica el mismo papel de Caín que juega Israel en el Medio Oriente. Por ello conspira y provoca buscando desestabilizar los gobiernos de Chávez y Correa.

Vale recordar que el capitalismo mundial vive su peor crisis en muchos años y que los efectos del colapso neoliberal y del Capitalismo Salvaje atropellan a millones de seres humanos y al mundo sin que el sistema vislumbre en su horizonte ninguna perspectiva para superarlo, aunque en los Estados Unidos hayan elegido como presidente a Barack Obama, quien a pesar de las expectativas que ha generado, difícilmente podrá colmar las esperanzas que muchos han depositado en él.

Solo la iniciativa creadora de los pueblos y sus luchas pueden corregir el rumbo del actual caos y el socialismo se yergue otra vez, como el único que puede humanizar el planeta y enrumbara la sociedad por caminos de paz, igualdad, justicia, desarrollo, bienestar y felicidad social. Es la enseñanza que surge de los procesos en marcha bajo el influjo actuante de las mayorías, en el viejo mundo, en nuestra América y en el Caribe.

En este gran contexto nacional y mundial germinan fundadas razones para el optimismo. Se levantan con inagotable fuerza, grandes manifestaciones sociales de campesinos, trabajadores, indígenas, estudiantes, del movimiento popular y de las fuerzas democráticas como esa formidable corriente de opinión que constituyen los “colombianos por la paz”, a todos ellos desde aquí, nuestro saludo combativo colmado del irrevocable compromiso por la solución política, hacia una verdadera paz con justicia social.

En esta gesta heroica, los mandos y combatientes de las FARC EP estaremos, como desde Marquetalia, acompañando al pueblo en sus más altos empeños hasta alcanzar la Nueva Colombia porque los farianos nos nutrimos e inspiramos de las invencibles luchas de nuestro pueblo, de las certezas que nos han acompañado durante 44 años de lucha revolucionaria, del ejemplo y sacrificio de Raúl, Iván, Felipe, Camilo, Dago y tantos otros caídos y especialmente del ejemplo y enseñanzas del invencible y legendario conductor de guerrillas, comandante en jefe, Manuel Marulanda Vélez.

Saludamos y les manifestamos nuestra solidaridad militante en las cárceles del régimen a los guerrilleros y a todos los presos políticos, a Sonia, Simón e Iván Vargas, a todos les reiteramos que no cejaremos la lucha por cristalizar un Acuerdo Humanitario.

Saludamos a los guerrilleros y guerrilleras de las FARC EP, a las Milicias Bolivarianas, Partido Clandestino, Movimiento Bolivariano, otras organizaciones Revolucionarias, organizaciones de Masas, Fuerzas Democráticas, a nuestros simpatizantes y amigos los alentamos a redoblar esfuerzos. Los colombianos no podemos tener como destino las actuales desgracias, porque el futuro nos pertenece, es que debemos labrarlo desde siempre y eso solo será posible mediante la unidad y la convergencia del esfuerzo colectivo.

Al pueblo colombiano le proponemos trabajar por un nuevo gobierno, patriótico, democrático, Bolivariano con rumbo al socialismo, que desarrolle la plataforma bolivariana, trabaje por una Constituyente que sea respetada en sus decisiones, representativa de todos los sectores de muestra nacionalidad, que aborde los temas vedados a la Constituyente de 1991 y así cimentar sobre sus bases la paz democrática que anhelamos la enorme mayoría de los colombianos.

En Bolívar Nos Encontramos Todos!
Honor Y Gloria A Nuestros Combatientes Caídos!
Hasta la Victoria Siempre!

Hemos Jurado Vencer y Venceremos!


Secretariado del Estado Mayor Central
FARC EP
Montañas de Colombia, Diciembre 22 del 2008

Jornadas de Homenaje al Cmte. Manuel Marulanda Vélez


La Coordinadora Continental Bolivariana CCB capítulo Venezuela, rinde un homenaje internacional al camarada Manuel , guerrillero histórico de Nuestra América , comandante en jefe de las FARC EP y miembro de la Presidencia de Honor de la CCB, desde su fundación en el 2003,.

Convocatoria –Invitación

Las organizaciones que integran la Coordinadora Continental Bolivariana CCB Capítulo Venezuela, convocan a participar activamente de las actividades públicas, con motivo del homenaje póstumo que se le rendirá al Comandante guerrillero Manuel Marulanda Vélez los días 25 y 26 de septiembre, a seis meses de su deceso.

Jueves 25 septiembre de 2008

Bautizo libro “ Manuel Marulanda Vélez , el héroe insurgente de la Colombia de Bolívar” en Cuartel San Carlos desde las 5 p.m. y Seminario internacional sobre la “ vigencia vida y obra del Camarada Manuel Marulanda y la lucha armada en América Latina”.

Viernes 26 Septiembre de 2008

Develación del Primer Busto en Nuestra América de Manuel Marulanda Vélez e inauguración de plaza Manuel Marulanda. a partir de las 5 p.m. en la Parroquia 23 de Enero, Sector la Cañada, entrada Bloques 18 y 19 Caracas, Venezuela.

En Bolívar y nuestros héroes, nos encontramos todos!

Coordinadora Continental Bolivariana en tránsito al Movimiento Continental Bolivariano! CCB Capítulo Venezuela

Recordando que ¡LOS QUE MUEREN POR LA VIDA NO PUEDEN LLAMARSE MUERTOS!

A los Combatientes y Luchadores por La Patria Grande y El Socialismo


Junio del 2008.

Camaradas del Estado Mayor Central, de los Estados Mayores de los Bloques y Frentes, de los Comandos Conjuntos, mandos de las redes urbanas, columnas, compañías, guerrillas, escuadras y comisiones, guerrilleras y guerrilleros, mandos y milicianos bolivarianos, militantes del Partido Comunista Clandestino e integrantes del Movimiento Bolivariano: reciban nuestro revolucionario saludo que extendemos a todos quienes trabajan junto a nosotros por una Nueva Colombia.

Durante la última semana del mes de mayo recibimos mensajes de solidaridad de todas las unidades farianas, donde destacan la gigantesca dimensión política y militar del Comandante Manuel Marulanda Vélez como uno de los más grandes revolucionarios de nuestra historia, y también reafirmando lealtad absoluta a su legado, a nuestro compromiso y objetivos de transformación revolucionaria y brindando total respaldo a las decisiones tomadas por la dirección de las FARC en esta coyuntura.

El 27 de marzo, luego del deceso del Camarada Manuel, acordamos que solo a partir del 23 de mayo informaríamos sobre ello a los mandos y guerrilleros, a los amigos y conocidos y, a la opinión, mientras decidíamos lo necesario para garantizar la continuidad de los planes en curso, como efectivamente ocurrió.

Redistribuimos funciones dentro del Secretariado y lo reajustamos al igual que al Estado Mayor Central, fortalecimos los Estados Mayores de los Bloques donde fue necesario, pasamos revista a la situación orgánica y al trabajo de masas, todo ello en medio de la permanente confrontación y cobijados con la indestructible coraza del secreto de los centenares de guerrilleros conocedores del fallecimiento de nuestro comandante en jefe.

Y así, entre otras decisiones, definimos al camarada Iván Márquez como jefe de las relaciones internacionales del Estado Mayor Central y al camarada Pablo Catatumbo como nuevo jefe del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia.

Nuestro rico intercambio de opiniones frente a la actual situación ratificó el sagrado compromiso revolucionario de las FARC-EP, con su dirección a la cabeza, de mantener firme y muy en alto las banderas de la Nueva Colombia, la patria grande bolivariana y del socialismo; reafirmó la vigencia de todos nuestros planes político militares y de nuestra condición de combatientes de la paz democrática, es decir de la paz con justicia social, sin hambre, con empleo, techo, salud y educación para todos, con soberanía nacional y vigencia de una verdadera democracia política alejada de la violencia y de la corrupción administrativa.

Valga recordar que las FARC nacieron hace 44 años como una respuesta popular y revolucionaria al terror institucional y para institucional del Estado, a la vergonzosa intromisión gringa en nuestros asuntos internos, al despojo de las tierras y su acrecentada concentración en unas pocas manos, a las profundas injusticias sociales existentes y a la voraz corrupción de la oligarquía, realidades todas que hoy perduran multiplicadas para desgracia de nuestro pueblo.

Como revolucionarios queremos y luchamos la reconciliación de la familia colombiana y la construcción de un nuevo tejido social justo, pero la oligarquía, esa mezcla maldita de privilegiadas fortunas, inmensas haciendas, cunas de oro y poder político, no ha querido ni quiere compartir un ápice de sus privilegios con las mayorías del país. Por eso elude cualquier posibilidad sólida de acuerdos de paz.

Camaradas: insistiremos cuantas veces sea necesario sobre nuestra disposición de concretar un acuerdo humanitario que fije unas reglas claras alrededor de la población civil de obligatorio cumplimiento para las dos partes y que, ante todo, priorice la libertad de los camaradas extraditados Sonia, Simón, Iván Vargas y de todos los prisioneros de guerra de uno y otro lado.

Sin embargo, y no es un secreto, este gobierno no ha tenido el menor interés en concretarlo simplemente porque sería reconocer de facto, el estatus beligerante de una guerrilla revolucionaria a la que quiere satanizar. Por eso tanta disculpa, teorías absurdas, improvisaciones montajes, falsos positivos y temerarias órdenes de rescate que juegan con la vida de los prisioneros para satisfacción de los delirios de grandeza presidenciales.

Pensó el gobierno que las decisiones unilaterales de las FARC- EP cuando liberamos 6 prisioneros a comienzos del presente año, eran debilidad y no demostraciones innegables de la voluntad que nos acompaña.

A pesar de ello, nuestra propuesta de encontrarnos con el gobierno para precisar los términos de un acuerdo, continúa vigente así como la decisión de mantener comunicación y redoblar esfuerzos para que la reiterada generosidad de muchísimos gobiernos amigos de las soluciones políticas, finalmente logren hacer entender al régimen colombiano que negar el conflicto existente, tergiversar sus dimensiones y esconder su desgarradora realidad, no soluciona sino que agrava e incrementa los odios y las distancias.

Persistiremos en nuestros esfuerzos por alcanzar la paz democrática por las vías civilizadas del diálogo tal como lo hemos hecho desde hace 44 años, porque es nuestra concepción revolucionaria, porque así son nuestros principios. El levantamiento armado, la guerra de guerrillas, la clandestinidad y la actividad conspirativa responden básicamente a la violencia institucional que desde la muerte del Libertador Simón Bolívar ejercen los poderosos contra las mayorías que han luchado por libertad, tierra, trabajo, justicia, democracia y soberanía.

En la búsqueda de esos objetivos nunca desmayaremos. Nuestra palabra la respaldamos con la práctica diaria, en el crisol de la lucha cotidiana. Así nos lo enseñaron Bolívar, Manuel, Jacobo y todos los próceres y héroes de la historia patria. Hemos comprometido nuestra honra y vida en este empeño porque estamos seguros de la justeza y posibilidad real de materializar el sueño de una nueva Colombia. No nos arredran las dificultades, no nos amilanan las amenazas de la oligarquía que hemos escuchado toda la vida, no creemos en los llamados a la claudicación y a la indignidad, ni en los judas que aceptan las monedas de su oponente porque sobre esa moral nunca se construirá un mejor país, ni una sociedad pujante ni una familia solidaria. El valor a fundamentar como piedra angular debe ser el bien común sostenido sobre una ética transparente.

Camaradas: los caminos que conducen al incremento de la lucha popular en sus más variadas formas y a la conquista del poder, nunca han sido fáciles, ni en nuestro país ni en ninguna otra parte del mundo, ni ahora ni antes. Solo la profunda convicción en la victoria, en la justeza, validez y vigencia de nuestros principios y objetivos y un monolítico esfuerzo colectivo, garantizarán el triunfo. A los reaccionarios que hacen cuentas alegres con las FARC les informamos que la intensidad de la confrontación nos ha fortalecido, hemos estrechado vínculos con las comunidades, sus organizaciones y las luchas populares, elevado la disciplina y el respeto por la población civil e incrementado nuestra cualificación y aprendizaje. Han caído guerrilleros porque así es la lucha, pero también su generosa sangre derramada es evidencia de nuestro total compromiso con el pueblo, otros camaradas ya cubrieron la trinchera y muchos más continúan llegando a filas, así fueron también la gesta de nuestra independencia y todos los procesos liberadores de la humanidad donde se desataron los demonios de la guerra.

Somos una fuerza revolucionaria con la suficiente historia, solidez y consistencia para superar el fallecimiento de nuestro Comandante en jefe porque el mismo nos instrumentó y contribuyó en el esfuerzo colectivo de consolidación política y militar. El Secretariado, el Estado Mayor Central, los Estados Mayores de los Bloques y frentes, los comandos de todo nivel, los mandos y combatientes de las FARC-EP garantizaremos el triunfo.

Continuamos luchando por cumplir todos con los planes aprobados, manteniendo a fondo la práctica de la guerra de guerrillas móviles, incrementando nuestros nexos con la población civil y con el movimiento de masas que resiste la ofensiva del gran capital y de los terratenientes, intensificando el intercambio de opinión con todas las fuerzas interesadas realmente en las salidas políticas al conflicto y por alcanzar un gran acuerdo democrático y patriótico, ante el desmoronamiento de una institucionalidad fracturada irreversiblemente por el narcoparamilitarismo el autoritarismo totalitario y el arrodillamiento ante la Casa Blanca.

Debemos invitar a las comunidades a denunciar la agresión militar del gobierno, que tras la máscara de la confrontación con la guerrilla, masacra civiles para presentarlos como guerrilleros, arrasa labranzas, campos y bosques de reserva con los bombardeos, genera desplazamiento posibilitando el despojo de tierras y a aterrorizando a quienes protestan a través de la amenaza directa, la agresión y el crimen.

Y esforzarnos más por informar sobre los centenares de combates diarios que se libran en campos y ciudades porque el régimen esconde la terrible realidad de la guerra fratricida, de sus bajas y reveses, para transmitir un inexistente ambiente de control oficial en el territorio nacional.

También rechazar la patraña montada alrededor de los supuestos computadores y archivos del Comandante Raúl Reyes, como maniobra y macabra manipulación reeleccionista que busca lesionar a quienes no comparten la estrategia presidencial de la llamada seguridad democrática tras la que se esconde el papel de "cabeza de puente" asignado por el pentágono norteamericano a nuestro país en sus planes de agresión militar contra los pueblos de América Latina buscando recuperar su deteriorada hegemonía imperial.

La indignante decisión de levantar una base militar norteamericana en Colombia, las pretensiones de una segunda reelección, el cáncer de la narco para política que sumieron las instituciones en estado terminal y las propuestas consignadas en la Plataforma Bolivariana deben ser temas de encuentro y unidad, que alienten a los colombianos a la convergencia por la construcción colectiva y acordada de la paz.

Camaradas: la espada de Bolívar permanece desenvainada y en manos de todos aquellos que como nosotros, no descansaremos hasta lograr la justicia social, la democracia y la soberanía soportes verdaderos de la convivencia con que soñamos todos los colombianos.

Un fuerte apretón de manos para todos. .

Por el Secretariado,

Alfonso Cano.

ULTIMA HORA: Imágenes inéditas de la incautación del laptop de Raúl Reyes

Los colombianos no somos prisioneros ni secuestrados de la obediencia a este gobierno

En territorio ecuatoriano, el primero de marzo fue abatido, con varios combatientes de su guardia y algunas personas que estaban de visita en su campamento de paz, el comandante Raúl Reyes, integrante del Secretariado Nacional de las FARC-EP. A los pocos días, el 7 de marzo, por manos de un agente enemigo infiltrado en las filas del Bloque noroccidental, fue atrozmente asesinado, al lado de su compañera, el Comandante Iván Ríos, también integrante de la máxima instancia ejecutiva del Estado Mayor Central insurgente. Es Indudable que estos hechos han suscitado una nueva situación para el desarrollo de la confrontación política, militar y social colombiana, que en el primer caso genera comprometimiento y desestabilización diplomática en la región latinoamericana y en el segundo, como también ocurre en el primero, toca sensiblemente estructuras de conducción estratégica en el seno de la guerrilla más antigua y experimentada del continente. Sobre éstos y otros temas trascendentales como el canje de prisioneros, la ilegitimidad del gobierno y la crisis estructural del Estado, dialogamos con el Comandante Iván Márquez, miembro del Secretariado Nacional de las FARC-EP.

¿Cuál es el balance que hace la Dirección insurgente respecto a las lamentables muertes de los comandantes Raúl Reyes e Iván Ríos, tan festejados por la oligarquía colombiana, en momentos en que las FARC-EP, mediante gestos unilaterales y a pesar de la intransigencia uribista, venían mostrando su mayor disposición para llegar a un acuerdo de intercambio humanitario que abriera caminos de paz?

Ha sido un golpe muy duro y nos ha estremecido hasta el alma. Se trataba de dos comandantes muy valiosos, como lo son todos los que combaten por la causa de los pobres de la tierra. Duele que Raúl haya caído cuando buscaba caminos para el canje humanitario, al que consideraba peldaño en dirección a la paz con justicia social. Con perfidia Uribe aprovechó esa circunstancia para planificar con el concurso de los Estados Unidos y de Israel la celada criminal. La muerte de Iván quedará como constancia histórica de la degradación de la guerra que rige las acciones del Estado. Cortarles las manos a los adversarios abatidos… Es la sevicia del régimen colombiano, no de ahora, sino de siempre. También corta cabezas y desmembra a sus víctimas. El júbilo triunfalista de las oligarquías durará un instante. La inconformidad social está incrementando el volumen de fuego de su cólera. La muerte de Raúl, de Iván y de tantos otros, no es una victoria del adversario: es un espejismo. Las FARC no son uno, ni dos, ni tres, ni cinco comandantes, ni varias columnas… son el pueblo con un ansia incontenible de victoria. El día del alzamiento general se podrá apreciar con nitidez que el pueblo está en las FARC y que las FARC son el pueblo en armas. Comandantes virtuosos en los campos militar y político como Joaquín Gómez y Mauricio Jaramillo han ocupado el lugar de los caídos, garantizando un Estado Mayor Central cohesionado en torno al Comandante en Jefe, al Plan Estratégico de las FARC, a la Plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia…, y a la bandera de paz con justicia social que tremola en lo más alto de la sierra guerrillera. Nuestros muertos siguen viviendo en los fusiles y en el proyecto político y social de las FARC. En sus tumbas depositamos hoy una roja flor de arizá, de las que sólo brotan en las montañas rebeldes de Colombia, la de Bolívar. Venceremos. Habrá Nueva Colombia, Patria Grande y Socialismo.

El Presidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez ha ofrecido garantías para que una misión médica organizada por el gobierno francés pueda asistir a prisioneros de guerra en la profundidad de la selva. ¿Han sido consultadas las FARC al respecto?

No. Es algo que están montando sin contar con las FARC. El éxito de un emprendimiento de esa naturaleza no puede dejarse en manos de una excesiva ilusión. Uribe dice que garantiza… ¿garantiza qué? ¿Acaso es vocero insurgente?... ¡No faltaba más! El designado por el Secretariado de las FARC para hablar con la delegación del gobierno francés era el comandante Raúl Reyes, pero como todos saben, Raúl fue abatido en un ataque militar de los gobiernos de Colombia y de los Estados Unidos en territorio ecuatoriano, violando flagrantemente la soberanía de ese país y la ley internacional. Esta es la razón por la cual el gobierno francés no ha podido contactar a las FARC. Por esa consecuencia fatal del artero ataque, no hay hoy interlocutor de las FARC para tal efecto.

Pero la Iglesia católica ha instado al Secretariado de las FARC a nombrar rápidamente el reemplazo de Raúl Reyes…

Con todo respeto, los insignes purpurados creen que eso es como soplar y hacer botellas. Lo que ha ocurrido con el asesinato de Raúl Reyes e Iván Ríos es sumamente grave. Una persona con cuatro dedos de frente entiende que no se puede, en estas circunstancias, ni actuar ni exigir tan alegremente, como si nada hubiese ocurrido. Las FARC no bailan al son de las campañas mediáticas ni de mediaciones parcializadas. La diplomacia santanderista del gobierno de Bogotá mata mientras sonríe. Asesina a nuestros voceros y luego dice que está dispuesto a conversar. Sostiene que propicia el acuerdo humanitario y ordena al mismo tiempo el rescate militar, a sangre y fuego, de los prisioneros en la montaña. Extradita guerrilleros a los Estados Unidos y luego exige que los tres gringos prisioneros por las FARC, deben ser liberados. Habla de humanidad y su gobierno está montado sobre miles de fosas comunes y masacres. Se ufana de su “seguridad democrática”, que es de los gringos, pero más de 30 millones de colombianos -de 44- viven en la pobreza. Practica todos los días el terrorismo de Estado y tiene la desvergüenza de endosar esa condición a sus opositores. Es un gobierno tan mafioso como Don Vito Corleone y tiene el descaro mediático de calificar a los guerrilleros de narcotraficantes. No. No. La opinión pública no es candor en flor, y mucho menos la guerrilla de las FARC. Debieran leer con más atención los folios de la historia del Ejército del Pueblo, que enseña, que cuando las FARC reciben ataques mansalveros como el de Casa Verde, el régimen obtiene indefectiblemente una respuesta digna, acorde con la gravedad de los hechos.

El ministro de defensa Juan Manuel Santos ha calificado la agresión al Ecuador como una acción legítima de guerra y el comandante de las Fuerzas Militares, general Fredy Padilla de León, asegura que todo aquel que se reúna con las FARC se convierte automáticamente en objetivo militar…

Ahí están pintados. Ellos actúan en consonancia con la oficina que los gringos han montado en la antigua zona del Canal de Panamá para monitorear con las ocho agencias de la inteligencia americana, las fronteras de Colombia con Venezuela, Ecuador y Panamá, en función de atizar y justificar un eventual conflicto bélico entre naciones, en el marco de la estrategia geopolítica de Washington. Con lo expresado por el general Fredy Padilla de León, uno se pregunta si hubiese dicho lo mismo, si en lugar de los estudiantes mexicanos y del ciudadano ecuatoriano, hubiesen estado reunidos con Raúl los delegados del gobierno francés. Es que ellos, el gobierno y sus generales, creen que su hipócrita lucha contra lo que llaman tendenciosamente “terrorismo” justifica todos sus desafueros y transgresiones. Y en cuanto al Ministro de defensa Juan Manuel Santos, una sola reflexión: ha dicho con arrogancia infinita, pero con la mirada fija en el 2010 y en la Presidencia de la República, que si por justificar el ataque bélico de Colombia contra Ecuador, lo llaman “Halcón de la guerra”, que lo sigan llamando entonces “Halcón de la guerra”. El problema es que ese señorito de la oligarquía a duras penas alcanza a cobarde halconcillo detrás de un escritorio, que ni siquiera sabe a qué huele la pólvora. Es de lo que azuzan a la guerra pero no exponen su pellejo en la línea de fuego, como sí tienen que hacerlo los soldados y algunos oficiales subalternos. Mientras aparece sonriente ante micrófonos y cámaras con la “V” de la victoria que no le pertenece, y que no han logrado, van desapareciendo también de su memoria los militares muertos y los mutilados. Más que de halcón, tiene la apariencia y el vuelo de un gavilán pollero. Que lo diga el país.

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Las computadoras incautadas, según el gobierno de Colombia a Raúl Reyes, y rescatadas de un demoledor bombardeo parecen más bien un expediente de Bogotá y Washington para chantajear a los gobiernos de Venezuela y Ecuador y para atenuar la resistencia de los pueblos de Nuestra América a las política imperiales… ¿Se le puede dar algún rango de credibilidad a lo que están difundiendo como su contenido?

A un gobierno mentiroso como el de Uribe Vélez no se le puede dar ningún crédito ni aquí ni en Cafarnaúm. La mentira es la punta de lanza de su asquerosa diplomacia. De ahí su total aislamiento en el concierto de las naciones latinoamericanas. Si acaso tendrá un par de cómplices, pero nunca amigos. Mintió cuando habló de persecución en caliente. Mintió y sigue mintiendo cuando dice que la guerrilla dispara desde Ecuador. Miente cuando dice que las FARC reciben armas y dólares de Venezuela. De haberlo recibido –y no les quepa la menor duda- ya habríamos tumbado mil veces ese gobierno pútrido de Bogotá que se ensaña contra el pueblo a través de la “seguridad democrática”, que a la larga es “seguridad inversionista” como lo confesó el propio Uribe en la Guajira. Miente cuando dice que la firma del TLC será la redención social de Colombia, cuando en realidad es grillete de la esclavitud moderna. No se le puede creer a un gobierno mentiroso y terrorista cuando califica de terrorista la lucha de los débiles. El propio Goebbels está metido en el Palacio de Nariño. Lo que realmente debe generar alarma en la conciencia ética de Nuestra América es que nadie diga nada ante la criminal ayuda de Washington en millones y millones de dólares y en armas al gobierno fascista y narco paramilitar de Colombia para incendiar al país con una guerra injusta, como son todas aquellas que se proponen la opresión y el expolio. Le corresponde al tribunal de los pueblos juzgar esa criminal política. Al pueblo de Colombia le asiste el sagrado derecho universal a alzarse contra la opresión y a sacudirse del yugo que mantiene encorvada su cerviz. El gobierno de Bogotá aborrece a Chávez por su osadía de desplegar, en medio de la tempestad de la guerra de los poderosos, la bandera de la paz porque ella arruina sus negocios. Chávez es Nuestra América a las puertas del nuevo Ayacucho. Es a Bolívar, a su proyecto político y social que despunta en esta aurora, a quien temen las oligarquías y el imperio. Y de Correa les asusta su imagen de dignidad que se agiganta al lado del héroe Alfaro y del Mariscal de Ayacucho iluminando el camino a los pueblos del continente. Por la paz con justicia social, por el decoro y por la unidad en una Gran Nación de repúblicas, estamos dispuestos a dar hasta la vida. Y estas no son palabras al viento.

¿Cree necesaria la revocatoria del Congreso por su alto grado de contaminación con la para política y el fraude electoral?

Es que la dignidad no puede convivir con la ilegitimidad. Los colombianos no pueden ser prisioneros ni secuestrados de la obediencia a este gobierno. Un poderoso grito social está rafagueando con sus chispas de indignación el cielo de la ilegitimidad de las instituciones. Por algo Uribe expresa su tajante desacuerdo con la revocatoria del Congreso y llama desesperado a fortalecer las instituciones, porque sabe que si cae el Congreso, tras su estruendo debe caer también el Ejecutivo infecto que preside. Esta verdad como el sol no se puede tapar con las manos ni con mentiras. Uribe resultó elegido Presidente de Colombia con los mismos votos que llevaron al Congreso a los Senadores y Representantes de la narco-para-política. Uribe está ahí gracias al fraude electoral que armaron los paramilitares y el DAS (Seguridad del Estado) que obligó a votar por él a punta de fusil y motosierra, y que puso a sufragar hasta los muertos. La llamada institucionalidad colombiana, hiede. Uribe y el Congreso deben renunciar porque su mandato usurpado es ilegítimo e ilegal. Colombia necesita un gran acuerdo nacional por la paz, la democracia verdadera y la dignidad. El llamado de nuestro manifiesto a reunir en un solo haz las fuerzas del cambio, como nueva alternativa de poder, debe abrirse espacio. Que cese la horrible noche. Colombia se merece otro gobierno que le dé la mayor suma de felicidad posible.

En las montañas de Colombia


RAUL REYES, El CAMINO DE LA VIDA A PESAR DE LA MUERTE.

Por Jesús Santrich y Rodrigo Granda.

En las aguas del Putumayo…, en las del San Miguel, en la floración silvestre de la amazonía, trepida desde el ayer hasta siempre la creciente guerrillera del amor para los pueblos; húmedas expresiones de vitalidad inmarcesible, tributando sacrificio para hacer la fusión de ese todo que somos como mismo pueblo al que los oligarcas dividen mientras ellos se juntan para agredir nuestros sueños.

Ya la música salvaje de los pájaros en el monte evoca la marcha del guerrillero caído y cuando la tarde vuela en las alas del viento y en el vientre del crepúsculo las sombras del bosque se fusionan hasta volverse oscura ingesta de segundos presurosos, de segundos que se vuelven noche en medio de la selva, Raúl guerrilla y sus huestes de estrellas titilan sobre el mundo alumbrando la piel de los oprimidos, el calor de la caleta, el oculto lugar de la manigua donde en el discurrir del sueño rebelde, pensando en la Patria Grande se anida el anhelo postergado de la Unidad, y su persistencia aunque depende de lo que él es, existe en la gracia de que su permanencia está, en lo que somos como Organización con todos los aportes de nuestros caídos, pero para el caso, con el aporte de él, del Raúl abatido, en esa senda de búsqueda del hombre nuevo y de la sociedad diferente.

La guerra es la vereda de la vida o de la muerte, ha dicho Sun Tzu. Pero la guerra justa no puede ubicarse en el estrecho marco de ese concepto, pues es para el revolucionario el camino de la vida a pesar de la muerte. Y de eso estaba convencido Raúl; por eso su camino es el de la Guerra Justa contra la alienación, contra la explotación, contra la opresión…, por la construcción del socialismo...; es decir, haciendo el camino a pesar de la muerte.

Difícil es la ruta de la lucha revolucionaria, pero una bitácora de certezas nos da el ideario bolivariano para crear, para inventar a fin de no errar, pero aún errando haciéndolo en el camino del intento de una nueva creación que supere el nefasto camino del capitalismo, que no puede ser de otra manera que cambiando de raíz el orden establecido en el que se ha perpetuado la dominación de los opresores.

El enemigo es común a los pueblos del continente, y podríamos decir que para los pueblos del mundo…; ese enemigo es el imperialismo, con toda la carga de su vieja cultura alienante. Sólo revolucionándonos interiormente, en la medida en que revolucionamos el mundo externo al mismo tiempo que nos trasformamos nosotros mismos desde el más profundo interior de la conciencia, sin calco ni copia como decía Mariátegui, apuntalando a la interpretación y creación propia, apuntalando nuestro sentido y valoración de lo que somos nosotros mismos…, hablando y pensando en americano, como decía el mismo Simón Rodríguez; en todo caso si a partir de la propia identidad, retomamos las enseñanzas de los pueblos del mundo que son patrimonio de la humanidad en su afán de emancipación, para avanzar a pesar de las adversidades, estaremos continuando la trocha que iba abriendo Raúl.

Nadie podría dar una fórmula especifica sobre cómo hacer la revolución latinoamericana; muchos podrían cuestionar a las FARC incluso en cuanto a algunos de sus métodos que la resistencia utiliza obligada por el régimen y el imperialismo; pero nadie puede cuestionar la justeza y la legitimidad de nuestra lucha; como nadie puede cuestionar que cualquiera sea la formula entre muchas para la alcanzar la libertad, el denominador común ha de ser el de la unidad, que el mejor medio para alcanzarla es la lucha y que los parámetros bolivarianos como socialistas hacen el obligado camino a tomar en cuenta si no queremos esperar a que se produzca la hecatombe del mundo por cuenta de la insensatez imperialista. Con estas ideas andaba Raúl en cada instante, por cada sendero de su marcha; por ello su muerte nos obliga a preguntar al mundo sobre si lo correcto es dejar de resistir, si lo correcto es guardar distancia de los resistentes por temor a que nos cuestionen y nos llamen terroristas según la conceptualización aviesa, desmovilizante y aplastante del imperio y sus oligarcas; es decir, por ejemplo, no considerar más prisioneros del imperio, luchadores bolivarianos, a Simón y Sonia sólo porque al yanqui y a sus lacayos les da la gana de decir que son narcoraficantes. Si asumimos la vía de la cobardía pronto a cada luchador le darán su respectivo epíteto descalificante para seguirnos aplastando uno a uno como moscas, se sea o no fariano, se sea o no bolivariano. Bastaría, siendo o no revolucionario, no levantar la voz sino apenas hacer algún mínimo gesto de inconformidad contra el imperio y los oligarcas, para sentir el peso del escarmiento.

¿Cómo le vamos a responder al imperio entonces?; ¿con la mansedumbre y la sumisión a cambio de que nos dejen vivir de rodillas?; ¿cohonestando con su depredación a cambio de las migajas que nos permitan ser su mano de obra barata, sus nuevos esclavos? No, así sea con equivocaciones, el ejemplo es el de Raúl porque es que lo que en últimas hacemos es la legítima defensa popular, la resistencia a una agresión que avanza sin cesar sobre los pueblos del mundo.

Se debe ahora más que nunca echar atrás los prejuicios que llevan a muchos a fortalecer el argumento de que hay que estar en contra de cualquier violencia “venga de donde venga”, llegando con esta falacia “equilibrada”, a la condena de la legítima defensa contra el opresor, incluso. Y llegando a la conclusión de que tendríamos que conservar el statu quo de la opresión que es la peor manera de la violencia. ¿Acudimos entonces, en el camino de la emancipación, a la sola alternativa del desarmado voto en blanco del señor Saramago?

Resistir, resistir, resistir en el concepto de la triple audacia, del hacer lo imposible porque de lo posible se encargan los demás todos los días, tal como diría Bolívar; resistir emancipando la conciencia con la moral y las luces, sin que nos anonaden los cantos de sirena de la socialdemocracia falsa, o las ofertas de las Calipsos en este largo camino lleno de peligros hacia Ítaca, en el que los estrigonios oligarcas e imperialistas estarán siempre listos para devorarnos sin compasión ha de ser la premisa. Y de verdad que para nosotros, así fuere en la soledad de la incomprensión de otros, estaremos persistiendo en la lucha, porque consideramos ante una eternidad de anonadamiento, la opción de un instante, así sea un pequeño instante, entre los brazos de la libertad, como en el cuento de Ulises y Penélope.

Sufriendo la sevicia de sus victimarios, Raúl ha logrado que Colombia exista, que sea visible para quienes la ignoran en sus padecimientos y en la soledad de la insolidaridad, que sólo hasta ahora pareciera estarse rompiendo a partir de las voces bolivarianas que claman por una salida política al conflicto que la desangra. Porque, más allá del problema de la violación de la soberanía territorial en Ecuador, está el problema fundamental humano, que no puede quedar oculto por la conveniencia diplomática; en aquella lejanía de la Patria Grande no fueron muertos en combate sino asesinados nuestros camaradas, rematados los heridos y desaparecidos los capturados. No podemos dejarnos engañar por la farsa del humanitarismo de unas tropas que dejan tres heridos en terreno; esa es la coartada para el crimen de guerra cometido. No es más. Pero no nos lamentamos. Asumimos las consecuencias del camino de lucha que hemos tomado; eso sí, tenemos el deber de señalar al tipo de enemigo que combatimos, para así saber de qué manera enfrentarlo. Es al imperialismo criminal y sus lacayos a quienes resistimos; y en esto, no faltan los sectores venales y traicioneros que a veces se ocultan entre las filas revolucionarias de uno u otro lado, los cuales habrá que identificar y también confrontar con firmeza.

Pero bien, más allá de las muertes, siguen vivos los sueños, la ilusión permanente de Raúl de expandir la moral y las luces, el sueño bolivariano, la utopía del Libertador, la explosión de esa mixtura liberadora que es el marxismo-leninismo y el bolivarismo. La siembra que venía haciendo, con sus guerrilleros, con sus mismas necesidades y vivencias, con sus mismos peligros y padecimientos que implican no el escenario para la reflexión sosegada sino el espacio para pensar durante el desenvolvimiento de la acción. Aún en esas circunstancias, estaba presente su deseo constante de aportar a la teorización, recogiendo las opiniones, los puntos de vista de estudiantes, maestros, gentes inquietas por el destino de los pueblos, amigos o no, Raúl buscaba la manera para dialogar, para escuchar y para dar su mensaje. En esta infausta ocasión del primero de marzo varios compatriotas latinoamericanos que le visitaban con ese propósito también murieron o han sido desaparecidos en el marco de la acción criminal de tierra arrasada ejecutada por el fascismo uribista con el concurso de cómplices que deben ser develados para que los revolucionarios de mundo sepan la verdad y hagan justicia.

Esta claro que el camino de la guerra puede implicar la muerte para cualquiera de los guerrilleros que estén en el compromiso real de entregarlo todo por la liberación popular. Eso lo sabía Raúl, y los sabemos todos los que hemos optado por la lucha armada. No obstante habría que mirar que estas muertes son las que tenemos no propiamente en el desenvolvimiento de la confrontación sino en la búsqueda de los contactos para la paz. De tal manera que estas experiencias nos dan la razón sobre la necesidad de exigir cada vez más garantías cuando de encuentros de cualquier tipo se trate. Seguramente nos haremos más exigentes y sólo nos valdrán nuestras propias garantías. No habrá encuentro gobierno guerrilla, por ejemplo, sin la existencia de una zona de despeje.

Por amor a nuestra causa justa, necesaria y sagrada, estas muertes no hacen sino reafirmarnos en nuestras convicciones. Cada día tenemos nuevas muestras de cómo piensa y actúa el fascismo y ello nos da las pistas de cómo es que debemos combatirlo. No encontrarán en nosotros dóciles borregos prestos a entrar en el corral de las claudicaciones. Y de verdad que nos hacemos responsables por todos nuestros actos, que los hacemos por amor al pueblo y con nuestras propias fuerzas. Agradecemos la solidaridad moral de los pueblos del mundo y nos enorgullecemos en decir que nada le debemos a nadie ni nada le deberemos sino a aquellos que con sus palabras de aliento y con su ejemplo también nos dan fortaleza mora. Particular y especialmente, gratitud tenemos con organizaciones como Opror, Fighter and lover, sindicalistas y los antifascistas veteranos de la segunda guerra mundial en Dinamarca, patriotas nórdicos que aman a la América Latina, y en su defensa del derecho a la rebelión popular contra la injusticia, han hecho aportes económicos simbólicos que apreciamos en toda la dimensión de su sentido solidario.

Somos una fuerza revolucionaria autónoma, independiente, insobornable e irreductible que vencerá. Y lo hará combatiendo con dignidad, haciendo saber que no nos arrepentimos de lo que hacemos y de lo que somos. Que nuestra condición de revolucionarios bolivarianos no es cuestionable y menos por elementos inmorales como los que desde el imperio y las oligarquías pretenden juzgarnos. Aquí estamos incólumes en nuestros propósitos, y ahora exigiendo más que nunca la libertad de los nuestros. Sólo como consecuencia de un canje de prisioneros saldrán libres quienes están cautivos en nuestros campamentos. No es admisible que nos pidan más gestos de paz, cuando después de tantas muestras fehacientes de nuestra voluntad política por encontrar salidas al conflicto, se nos responde con infamias y maleficencia.

Muchos piden liberación de los “secuestrados” pero muchos también olvidan que los nuestros, los hijos de los pobres que han luchado como combatientes del ejército del pueblo en busca de la justicia social, están en peores condiciones que los prisioneros que están en manos de las FARC. Quienes claman por la libertad de los que están en nuestros campamentos, con algunas excepciones que se pueden contar con los dedos de las manos, jamás levantan una voz por la libertad de los nuestros. Y aquí que nadie pose de inocente, porque todos quienes están como cautivos son responsables del azuzamiento de la guerra. Desde Ingrid en adelante, y valga decir que ninguno de ellos está en peores condiciones que Simón Trinidad o Sonia, o que muchos de los dirigentes políticos y lideres populares que han sido apresados sin ser guerrilleros, en el desenvolvimiento de esa cacería de brujas que sostiene el gobierno para aplastar la resistencia popular, y que seguramente se apresta a arreciar justificándose en cada nueva mentira que surja de la invención del “computador indestructible” de Raúl Reyes. Con falsas acusaciones han sido condenadas o al menos apresadas esas personas que también son civiles y han sido involucradas en el conflicto. No nos vengan entonces con eufemismos hipócritas sobre todo de parte de quienes desde su posición de “sociedad civil” azuzan la guerra con una culpabilidad y morbo superiores al de cualquier soldado.

Decimos al mundo, compañeros, que Raúl entra en la circunstancia del que se ha ido pero de otra manera se queda, del que ha partido pero de otra forma retorna, del que ya no está pero que de muchos modos permanece, y su permanencia en esa circunstancia donde el hecho de la muerte no es que se pretenda negar pero se supera, es en el canto del hombre nuevo, no del super hombre o de un hombre subjetivo imposible, sino del hombre de carne y hueso, con sus errores y sus pasiones, con una conciencia de profundo amor al pueblo, siempre dispuesto a entregarlo todo por los demás, por el pueblo, por los oprimidos.

Una permanencia es esa, que nada tiene que ver con la muerte como culminación; que nada tiene que ver tampoco con una religiosidad de santos…, sino con un presente de lucha que lleva el avance que él contribuyó concretamente a construir, con una esperanza de paz que Raúl ayudó a forjar, con una convicción que él también fraguó materializando este ejército popular inderrotable que emprende su larga marcha siguiendo las coordenadas que él ayudó a delinear para hacer ese largo y difícil camino de búsqueda de la felicidad humana.


Y el imperio, si de algo puede estar seguro es que con sus infamias no podrá matar la ansiedad de lucha de los pueblos. Será imposible sacar del imaginario colectivo al Raúl que muchos llevan en el alma…o al Negro Acacio, al Martín Caballero, al Cristian Pérez…, al Iván Ríos, y a cada combatiente que llevan los pueblos en lo más hondo de su alma.

En Raúl como en cualquiera de nuestros firmes militantes, nada muere con la muerte de la persona misma; nada de lo nuestro más profundo, nada de la determinación que es lo más sagrado…; por el contrario, todo se revitaliza, se potencia y se radicaliza aún más, porque mientras exista un fariano ninguno de nuestros muertos ha de morir.

El cuerpo de Raúl Reyes ha sido abatido; el de él como el de cada camarada caído en aquel rincón de selva de la Patria Grande, cercano al cause del río Putumayo es el de un mortal, de un hombre de carne y hueso que bien sabía el concepto de Sun Tzu respecto a que la guerra es la vereda de la vida o de la muerte…; pero en su entera visión bolivariana de revolucionario amante de la vida; en su visión de hombre con profundas convicciones fundadas en el humanismo leninista, podría afirmar que la guerra es la política por otros medios, que además son violentos, según el concepto de Clausewitz, complementado por Lenin, pero especialmente la guerra justa es para Raúl, como ya hemos dicho, el camino de la vida a pesar de la muerte.

El “tenebroso terrorista”

Por:Iván Márquez, integrante del Secretariado de las FARC-EP

¡Aquí hay uno vivo! –gritaban en la oscuridad. ¡Dénle bala! –respondían. Y luego los disparos… Así actuaban las tropas de Uribe Vélez, el tenebroso terrorista internacional pelele de los Estados Unidos, al consolidar la toma del campamento de Raúl Reyes. Varios de los heridos fueron rematados con tiros de gracia.

A las 00:25 de ese primero de marzo un misil impacta con estruendo el corazón del campamento dormido. No se escucharon aviones ni helicópteros. El misil había sido disparado por los gringos desde la base aérea de Tres Esquinas, en el Caquetá. De sur a norte entraron las tropas terrestres que fueron avistadas en el área desde el 26 de febrero. Ya no habría encuentro con la delegación francesa para explorar la liberación de Ingrid. Habían muerto Raúl Reyes, algunos de sus guerrilleros y unos estudiantes mexicanos de visita en el lugar. Como dijo el comandante Manuel: “mataron a Raúl, e hirieron gravemente el canje de prisioneros y la paz”.

El “Israel” de Suramérica –Colombia-, el país receptor de la mayor ayuda militar y de millones y millones de dólares del gobierno de Washington en la región, había actuado sobre seguro, con el consentimiento de su amo, con los satélites y la tecnología militar de punta proporcionada por el gobierno de los Estados Unidos.

La indignante mentira de la persecución en caliente no podía resistir el embate de la verdad. Se derrumbó ante el primer análisis dejando al desnudo la más infame violación al territorio, a la soberanía y la dignidad de un país hermano. Y como ya habían soltado su perfidia, intentaron y siguen intentando convertir a la nación victimizada en victimaria. Por eso como perros de presa ladran la doctrina de la soberanía limitada, inaceptable sofisma y pretexto de la Casa Blanca para agredir y expoliar pueblos, argucia precaria que no servirá para encubrir la transgresión a la ley internacional en Nuestra América. La respuesta del Presidente del Ecuador, Rafael Correa, al señor Uribe fue altiva y contundente: “su insolencia hace más daño que sus bombas asesinas. ¡Déjese de falacias!

El mundo no podrá olvidar aquella tarde de Santo Domingo en que un enloquecido Álvaro Uribe cubría de improperios a Raúl Reyes ya muerto, llamándolo cobarde y tenebroso terrorista, calificativos que más bien pueden endilgarse al terrorista con banda presidencial, que a nombre del narco paramilitarismo que sucedió a los carteles de Cali y Medellín, se tomó el Palacio de Nariño.

A la muerte de Raúl y al asesinato posterior de Iván Ríos le siguió la más irracional euforia triunfalista de las oligarquías de Colombia. El fascismo histérico –el mismo que incita a lapidar a mujeres extraordinarias como Piedad Córdoba- estremeció al país comandado por los Santos, gossaínes y arismendys. Vomitaron todo su odio y llenaron el espacio electromagnético de informaciones manipuladas, manos cercenadas, recompensas y sapos, aquelarres de victoria y de incitaciones a “fumigar” a la insurgencia. Se destaparon y se lanzaron con todo creyendo que estaban sellando la victoria de la batalla final. Sus más terribles anatemas profanaron los cadáveres de los caídos con el mismo ensañamiento de los paramilitares con sus víctimas. Les pasará lo que al mariscal Monet, que creyendo asegurada la victoria en los campos de Ayacucho, con desmedido optimismo se lanzó con todas sus fuerzas a exterminar a los invencibles de Sucre y de Bolívar.

A través de un micrófono el Fiscal General Mario Iguarán exteriorizaba su escalofriante dilema: catalogar o no como homicida al asesino del comandante Iván Ríos y su compañera. Y por otro lado el general Mora Rangel se ufanaba de los 400 mil efectivos de las Fuerzas Armadas oficiales comparados con los 50 mil del Ecuador y los 70 mil de Venezuela. La experiencia de los soldados colombianos es mayor, -decía. “les llevamos años luz y no sólo a Venezuela, pues nuestros pilotos están acostumbrados a combatir de noche”. Y tal vez tenga razón, pero el problema de su ligero análisis es que no tiene en cuenta ni a las FARC ni a los pueblos de la Gran Colombia. Unas FARC libres para avanzar no es asunto despreciable, y mucho menos si lo hacen rodeadas de pueblo insurreccionado, resuelto a salir de la horrible noche de la opresión.

Se les está olvidando que Colombia entera es un polvorín social a punto de estallar. Uribe desterró para siempre de sus discursos, los programas sociales. Sólo habla de guerra y odio y lo hace desde las guarniciones militares, y desde la escuela de policía General Santander. Convirtió sus Consejos Comunales en la tribuna de la demagogia y el engaño descarado a la población. Anuncia que va a solucionar las necesidades más sentidas de la gente, pero de ahí no pasa. Ya son más de 30 millones los colombianos que viven en la pobreza. El alto costo de la vida y el desempleo están matando de hambre a las mayorías. No hay techo, no hay salud ni educación para ellas. Las tierras despojadas no han sido devueltas a los campesinos, y más de 4 millones de desplazados continúan engrosando la miseria. Sólo hay ganancias para los grandes inversionistas, objeto fundamental de la “sacrosanta” política de la Seguridad Democrática impuesta por los gringos, como prolongación renovada de la nefasta Doctrina de la Seguridad Nacional.

La violación a la soberanía del Ecuador fue otra de las tantas cortinas de humo para intentar tapar todas las podredumbres y vergüenzas reunidas de un régimen que ha vuelto sus armas represivas contra el pueblo. Buscan encubrir los inobjetables vínculos del señor Uribe con la narco-para-política que deshonra el nombre de Colombia. Que nadie cuestione cómo puede seguir siendo presidente un hombre cuyos principales alfiles están tras las rejas por sus escandalosos nexos con la narco-para-política. El 90% de los congresistas acusados, es uribista. El Vicepresidente y el Ministro de defensa, los señores Santos, no pueden ocultar su frondoso rabo de paja narco-paramilitar. Los mismos capos paramilitares han denunciado que financiaron con maletas repletas de dólares las campañas presidenciales de Uribe. No puede ocultar el señor Uribe su trayectoria delictiva en el narcotráfico. Está metido ahí hasta los tuétanos desde que se desempeñó como director de la Aeronáutica Civil , cargo que aprovechó para autorizar a Pablo Escobar Gaviria la operación de centenares de pistas clandestinas en la selva, desde donde el capo surtió de cocaína las ciudades estadounidenses.

¿Es a éste a quien Bush y Rice llaman a apoyar como Presidente democrático y paladín de la justicia social? ¿Será que ya se les olvidó que llegó a la presidencia, además, cabalgando en un gigantesco fraude electoral montado por los paramilitares y el director del DAS? Que diga ese “presidente democrático” dónde están los 11 prisioneros que sacó del campamento de Raúl Reyes, hoy desaparecidos. Que responda por las masacres y las miles de fosas comunes sobre las que erigió su gobierno, por los más de 150 mil ciudadanos encarcelados tras sus redadas fascistas. Que responda por el asesinato de dirigentes sindicales y populares, por la extradición a los Estados Unidos de más de 600 nacionales, renunciando a la soberanía jurídica del país en el más abrumador arrodillamiento a una potencia extranjera. No puede ser un gobernante democrático quien envía sus hordas paramilitares a Venezuela a asesinar a un Presidente, o quien no se inmuta ante el asesinato de varios de los organizadores de la gran marcha del 6 de marzo contra el terrorismo de Estado. En realidad, Uribe es un “tenebroso terrorista”. El terrorismo de Estado es su práctica cotidiana.

Las convulsiones de la Colombia de hoy son el signo de que estamos en los umbrales de una nueva era. América está pariendo la era de Bolívar. Es la hora de la lucha de los pueblos y la solidaridad. Nos aproximamos a un hito histórico portentoso en que los pueblos serán los protagonistas del cambio luego de 500 años de opresión y expolio. No se puede vacilar en este momento. Esa cuerda de bandidos santanderistas, neoliberales y pro-yanquis no va a desactivar la resistencia popular con su subjetiva y alegre arrogancia triunfalista.

Los pueblos de la Gran Colombia deben marchar contra el pelele fascista de Washington, contra los halcones histéricos que chillan amenazantes su doctrina fascista sobre los pueblos de Nuestra América, azuzados por el Comando Sur.

Colombia requiere de un levantamiento popular por la patria, por la solución política del conflicto, contra el hambre, contra la guerra, por la paz, por un nuevo gobierno, por democracia popular y soberanía del pueblo. Queremos la patria que quería Bolívar, no la que truncaron Santander y el entonces Secretario de Estado Henry Clay, un nuevo gobierno que aborde la búsqueda urgente de la paz con justicia social que le dé a nuestro pueblo la mayor suma de estabilidad política y felicidad; que empuñe la bandera bolivariana de construir en este hemisferio una gran nación de repúblicas, que sea “escudo de nuestro destino” y garantía inmovible de respeto y dignidad.

Montañas de Colombia, marzo 20 de 2008