
Abraham Carrillo / Militante del PSUV
En el marco de la materialización de una de las fases vitales de la Misión Alma Mater, como ha sido, La transformación a Politécnicos Universitarios Públicos buena parte de nuestros Institutos Tecnológicos y Colegios Universitarios, La creación de los Programas Nacionales de Formación (P.N.F), y por otra parte, La incorporación de la Ley Orgánica de Educación (L.O.E) en la agenda parlamentaria del año 2009, donde definitivamente se deben crear las bases legales que sirvan de soporte en la transformación del modelo educativo nacional (tanto a nivel primario como superior), son políticas que asoman voluntad en la creación de un sistema de educación que responda a las exigencias e inquietudes de las mayorías. En el presente artículo me centraré un poco en el tema de las universidades y su papel en estos tiempos de cambios necesarios.
La misión de la Universidad Venezolana y en America Latina, asume una connotación de carácter nacional que debe inevitablemente ligarse a los proyectos de cambio de las estructuras económicas, sociales, culturales y políticas. Seria la naturaleza, la función social de la Universidad que se monta en relación dialéctica con alternativas de superación, de quiebre con lo establecido, que la sociedad plantea en un momento determinado.
America Latina a pesar de los procesos políticos de transformación profunda que se vienen llevando a cabo tanto en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y otros países, en diferentes ritmos y límites, se sitúa como zona subordinada (a excepción de Cuba Socialista), al igual que Asia y África, que en su devenir histórico ha experimentado el impacto de las potencias coloniales primero e imperialistas después. La dominación externa, de manera general, ha sido pues el factor motor de su evolución y retraso.
El marco interno de la región se expresa en el predominio del modo de producción capitalista que ligado al desarrollo del capitalismo mundial asigna a la región un papel de periferia. Hemos sido condenados a exportar materias primas y alimentos y a importar manufacturas, insumos y tecnología. Bajo ese parámetro, toda la actividad de la región se ha desenvuelto generando una deformación estructural de toda la sociedad. Es así como el proceso de industrialización, nacido bajo la penetración del capital foráneo a nuestros pueblos asume perfiles o áreas específicas. Como expresa Vania Bambirra: “La base material y el sentido hacia el cual se orienta la industrialización en America Latina son, desde entonces, fundamentalmente dados por el capitalismo extranjero; y si bien esto se realiza a partir de las condiciones existentes, o sea un mercado interno ya relativamente estructurado, dicho capital lo reorienta en función de las nuevas pautas de consumo que el sistema le permite desarrollar”*
La falta de una industrialización autónoma de nuestros países ha determinado la existencia de una estratificación social rígida y oligárquica. Los sectores empresariales nacionales, se han transformado en simples intermediarios entre el comercio de exportación y los mercados internos, parasitarios. Los capitales extranjeros son los que mantienen y reproducen este modelo dependiente en nuestros pueblos, orientando sus inversiones en los sectores más dinámicos y estratégicos del continente. Los recursos naturales, la industria pesada, la industria de transformación de alimentos, los servicios y el comercio exterior forman las áreas en que operan las empresas trasnacionales, que prácticamente se han convertido en un verdadero poder dentro de los estados nacionales.
El más simple examen de la Universidad en el contexto antes descrito, nos señala que en el marco de la dependencia cultural nuestras instituciones de educación superior tienen un defecto esencial, más que una ventana hacia el mundo, son un enclave, una base cultural de la cual se nos transfiere todo lo que los países centrales entienden por Ciencia, Tecnología y Cultura, y a través de ella su tipo de industrialización y de economía, sus valores frente al consumo, el trabajo y la sociedad. Este papel lo ha cumplido penosamente a cabalidad las universidades autónomas en Venezuela.
Ante este cuadro, la creación de una Universidad Comprometida es impostergable, el conjunto de políticas que impulsa el Gobierno Bolivariano en este sentido acepta que la relación sociedad-universidad es dialéctica, por lo tanto el sistema de educación superior debe estar en función a los planes de desarrollo nacional (Plan Nacional Simón Bolívar 2007 – 2013). La Universidad debe estar comprometida al proyecto nacional que enfatice la independencia y soberanía nacional.
Nuestras nacientes universidades tienen el reto de sustentar un nivel de actividad científica capaz de proveer la infraestructura necesaria para que nuestro pueblo pueda absorber, adaptar y crear las técnicas productivas continuamente renovadas, de cuyo empleo depende la independencia económica de la sociedad regional y cuya accesibilidad refleja el componente más valioso de la soberanía: la independencia cultural; por ende la formación de profesionales de diversos niveles y especialidades, aplicadores de ciencia y tecnología que nuestro pueblo requiere.
* Bambirra, Vania, El capitalismo dependiente latinoamericano. Siglo XXI, México, 1974, p. 3.
TIENE QUE NACER LA UNIVERSIDAD DE NUEVO TIPO
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LOS ESTUDIANTES DEL IPC CIERRAN LA UNIVERSIDAD POR EL INTENSO DETERIORO.
Corriente Comunista Gustavo Machado
Después de 4 días de cierre de las instalaciones del IPC por parte de los estudiantes, y a ello se le suma el personal administrativo y obrero, las “autoridades” de la universidad, el martes 11 deciden reunirse con los estudiantes para persuadir la voluntad popular del IPC.
La medida de cierre tomada por los movimientos estudiantiles revolucionarios del IPC viene dada debido a la constante decidía y deterioro que vive nuestra universidad, una universidad donde solo funciona un (1) ascensor para tres mil estudiantes, una universidad donde no existen prácticamente bebederos, una universidad donde contratan profesores por medio del amiguismo y terminan siendo los profesores más piratas, una universidad que posee un turno nocturno y los alumnos de dicho turno son casi que excluidos de todos los beneficios, una universidad donde la biblioteca se convierte en un caldo de cultivo debido a la existencia de una infinidad de libros con hongos que atentan con la salud del estudiante , el obrero y el personal administrativo y otra de las aberraciones más grave es que para el año 2006 el ipc contaba con 308 obreros para realizar las labores de mantenimiento de las instalaciones, y esta cifra todavía no daba abasto, pero para este año 2008 solo hay 200 obreros que deben hacer el trabajo que le corresponde mas el trabajo de otros 100 mas , por estas cosas y muchas más los estudiantes revolucionarios decidimos cerrar la universidad.
Es necesario hacer saber que todo este deterioro que vive nuestra universidad es el resultado de la corrupción descarada ejercida por parte del director Pablo Ojeda, el mismo actúa dentro de la universidad vaciando las arcas de nuestra casa de estudio y poniendo los presupuestos en cuentas que ganan intereses para ganar una Boloña de plata al momento de agilizar las transacciones de la universidad.
La Corriente Comunista Gustavo Machado a través de sus colectivos estudiantiles está haciendo frente a esta realidad en el Pedagógico y dando la cara conformando la unidad revolucionaria estudiantil con la finalidad de fortalecer la lucha y hacerle frente a las autoridades ladronas y explotadoras de la clase obrera a través de las acciones políticas y de confrontación necesaria que lleven a nuestro objetivo que no es otro, que la universidad se pinte de pueblo.
¡Patria Socialismo o Muerte Venceremos!
¡Vamos con todo el poder estudiantil!
La Andragogía en la UNESR es manejada como una total especulación
Por: Sergio Gil
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La revolución debe pasar por la universidad
Por: Jesús Silva R.
Esta vez mi reflexión partirá de la anécdota y será profundamente autocrítica. Era el año 2003, estaba recién graduado en leyes e integrando la Dirección Nacional de la Juventud Comunista; cuando desde una universidad con sede en mi natal Maracay, un colectivo de estudiantes y profesores de izquierda solicitó mis servicios políticos y abogadiles para atender la problemática de su elección decanal. Las listas de votantes no habían sido publicadas en su totalidad, aunque el conflicto radicaba esencialmente en la injerencia de los profesores jubilados dentro la votación. Asediados por la peligrosa derecha universitaria en un escenario de convulsión electoral, me reuní clandestinamente con estos camaradas para preparar la operación revolucionaria; y regresé a los pocos días al recinto con un tribunal, a fin de efectuar la inspección que hiciera constar los listados incompletos. Ello me permitió fortalecer mi alegato jurídico para que se postergara la elección por unas semanas, como al final lo logramos. Siendo nuestro propósito fundamental, ganar tiempo para conquistar una reforma de la normativa que depurara realmente el proceso electoral.
Sabíamos que ese contingente jubilado concentraba a la derecha adeco copeyana más reaccionaria y antipopular de nuestra ciudad jardín, por lo cual constituía un objetivo estratégico para el colectivo revolucionario “congelar” a estos discípulos de Caldera y Betancourt. Se trataba pues de una aspiración democrática de nuestra parte para vencer la contienda electoral y realizar nuestro anhelo de cambio hacia una Universidad libre, democrática y abierta al pueblo. Ante altas instancias burocráticas, dentro del corto tiempo disponible antes de la elección, elevamos nuestra petición por una efectiva corrección de esa vieja normativa opuesta a la transformación. Más sin embargo, no obtuvimos la respuesta oportuna ni la solidaridad esperada. Quizás los que encabezamos esa lucha, desafiando al todopoderoso e inmutable sistema universitario burgués, sentimos que nos dejaron solos.
Llegada la mañana de la elección, la aguja de mi reloj me señalaba un diez implacable. Me di vuelta y contemplé por la avenida Las Delicias, la llegada de una larga columna de taxis a la Universidad. Un macabro canto me advirtió que las elecciones ya nos las habían robado. Coreaban: “Se va, se va”. Eran los “profes escuálidos” que recibían a decenas de sus compadres para ejercer el sufragio. Al verlos todos vestidos de blanco, mi mente produjo una réplica pictórica de mi infancia en los ochenta, viendo en las urnas a esos viejos militantes adecos, envueltos en blanco uniforme con una mosquita plástica adherida al pecho. Aquel día apreciando en la Universidad como la ley es un instrumento de la Burguesía para la hegemonía y la trampa, sentí que nos habíamos quedado cortos en nuestra campaña, no por lo jurídico, sino por lo político. Y sonriendo serenamente junto a mis camaradas en una reflexión silente, pero más profunda y revolucionaria, me dije: “La próxima vez que nos contemos, el voto del estudiante y del profesor valdrán lo mismo”. La revolución debe pasar por la Universidad.
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